Coleccionando a Bob Dylan (La Cripta Del Chamán)

Traigo aquí, como introducción, el primer artículo que escribí para la revista monográfica Desolation Post, consagrada a Bob Dylan (Nº4, Febrero 2007):

La Cripta del Chamán

Iniciamos aquí esta sección dedicada a fomentar el coleccionismo e informar de las fuentes, antecedentes y medios para lograr una primera selección de grabaciones imprescindibles y orientar a los aficionados sobre cómo, dónde y qué buscar para ampliar sus colecciones o iniciarse en este mundo plagado de archivos, cifras y códigos, en el que se encuentran las esencias, o al menos porciones sustanciosas, de aquello que aún permanece oculto en la cripta del Chamán.

Cuando uno termina por admirar sin reservas la figura y el trabajo de alguien tan lúcido, inclasificable y enigmático como Bob Dylan, no puede evitar intentar acaparar toda su obra, o al menos aquella que ya ha sido editada oficialmente. Pero si un día alcanzas a juntar toda su discografía oficial (difícilmente toda, pero sí la aún catalogada y todavía disponible) y tienes la fortuna de entender el arte del judío en directo y disfrutar de su talento para recrear cada noche sobre el escenario su propio mundo y el de sus viejas, nuevas y no tan nuevas canciones, sin duda te verás abocado a intentar descifrar algo de ese mundo y coleccionar todos y cada uno de los conciertos que el juglar de Minnesota ha ido ofreciendo a lo largo de su carrera, descubrir cada día una nueva versión o hallar una interpretación sublime que colme tu necesidad de emociones. Un solo de armónica, un único y singular fraseo, un riff de guitarra, unos cuantos y arrebatadores acordes, cualquier cosa que llene el vacío que deja en el alma la ausencia prolongada de un Dylan nuevo y misterioso, un tan imitado como inimitable creador con el imprevisible don de aunar la belleza desnuda, e indómita, y la furia de la razón, en medio de la locura, porque uno ha llegado a entender al fin que sus canciones, así como cada una de sus interpretaciones, no son sino mapas de carretera para el alma, torrentes de emociones de una riqueza tal que te mueve a reconsiderar tu propio sentido de la percepción y te anima a buscar, poseer y completar todo lo que dejó tras de sí y lo que está por llegar, porque no basta con alguna, unas cuantas, muchas, las más logradas o las menos conocidas versiones, uno acaba necesitando todas para intentar abarcar al genio.

Dicen de Bob que cuenta con varias cámaras acorazadas donde conserva todo el material que su gente ha ido grabando durante toda su trayectoria artística. Miles y miles de kilómetros de cinta con cantidad de material obtenido de los conciertos que ha celebrado hasta la fecha ¿Será cierto? Si así fuera, ese sería el sueño de todo coleccionista dedicado a su obra, conseguir todas aquellas grabaciones y guardarlas en su propia cripta para escucharlas en la intimidad, conservándolas como oro en paño entre los muros de su templo privado. Pero si no dudo que el propio Dylan debe tener buena parte de su mejor obra en vivo grabada por sus acólitos y mantenida a buen recaudo, lo que ya me parece menos verosímil es que el alcance de ese material llegue a cubrir todos y cada uno de los conciertos que a lo largo de la historia ha dado el de Duluth. Sin embargo existen grabaciones realizadas desde la audiencia de gran parte de su obra en los escenarios, prácticamente toda desde el 1974 en adelante, material más que suficiente de los 60, principalmente del 63 al 66, y un gran número de grabaciones tomadas de la mesa de mezclas (Soundboard). Todas esas grabaciones, tanto realizadas desde la audiencia, como extraídas de la mesa de sonido, serán el objetivo de nuestro estudio y nuestros anhelos.

Para empezar con una o varias listas de los imprescindibles, como la mayoría de vosotros ya sabréis, basta con tener acceso a internet y obtener la lista de los “must have” (los que hay que poseer) de la ya famosa página de Craig Pinkerton donde se hace recuento de aquellas ediciones extraoficiales que contienen las más impresionantes grabaciones y remasterizaciones de los conciertos legendarios o las interpretaciones más destacables del judío errante. Otra de estas listas a considerar es la muy recomendable de John Howell que enumera aquellos conciertos de los que existe una grabación decente, o hasta excelente en muchos casos, que desde un punto de vista personal y subjetivo merecen ser escuchados al menos una vez por todo buen aficionado; También interesantes las recomendaciones de Paul Williams y Clinton Heylin, por supuesto. La documentación más exhaustiva y generalmente fiable acerca de los conciertos, actuaciones y sesiones de grabación celebradas por la figura más influyente del  rock se encuentra en los archivos de Olof Björner, que la gran mayoría ya conoceréis. Grandes coleccionistas que son y han sido de la ingente y asombrosa obra en directo del amigo Zimmerman cito aquí a continuación como fuente de información, origen y actual documentación de una gran parte de la obra grabada durante el último cuarto del siglo pasado y los años previos. Se trata de figuras tan relevantes para el estudio, recopilación, documentación y valoración del legado interpretativo de la pequeña gran maravilla blanca, como Les Kokay, Michael Krogsgaard, Glen Dundas, Jeff Friedman o Bill Pagel (autor de la inevitable página Bob Links), todos ellos investigadores, recopiladores y la gran mayoría autores de las más destacables grabaciones que uno pueda encontrar de algunos de los períodos míticos en la historia de Dylan y por tanto del rock.

Les Kokay publicó en el 2000 su catálogo  de todas  las grabaciones de la gira de 1974, “Bob Dylan/The Band (A Collectors Guide to the 74 Tour), actualizado en 2005, que el consiguió recopilar y remasterizar en gran medida, gracias a lo cual han llegado hasta nosotros en un estado todavía aceptable, algunas de ellas (pocas desde luego) excelentes registros para la época. Sin embargo, cita en el encabezamiento a Clinton Heylin, como forma de reconocimiento a la aportación de este autor, con una afirmación que no es del todo incierta pero que yo no comparto, “There are two problems with the 1974 tour: the tapes are crap and Dylan’s performances are crap.”  – C. Heylin, Telegraph 32 pag 86. Las cintas son en su mayoría de una calidad lamentable, eso es indiscutible, pero no así las interpretaciones del furibundo artista de Columbia que, si bien es cierto cantaba y tocaba su guitarra, o se sentaba al piano, en un estado probablemente resacoso cuando no directamente bajo la influencia del alcohol u otras sustancias tóxicas, de lo que no cabe duda es que su desinhibida entrega y alto grado de emotividad resultan hoy sobrecogedores. Para muestra tenemos el  “Before The Flood”, la edición oficial de la gira que contiene en mi opinión una de las mejores versiones en directo del clásico “Just Like A Woman”, puro fuego y tormenta clamorosa de lluvia purificadora antes del  diluvio. También es de obligada escucha el concierto íntegro del que se extrajeron algunas de las pistas de ese disco oficial (entre ellas ese Just Like A Woman), del 14 de Febrero de 1974 en el Forum de Los Angeles, sesión de tarde, que contiene otra autentica pieza maestra del arte interpretativo del autor de Like A Rolling Stone, una imprevisible y subyugante “It’s All Over Now,  Baby Blue” que deja al atento oyente tan desconcertado como lleno de admiración. El imprescindible “bootleg” que incluye la grabación obtenida de la mesa de mezclas de este impresionante e irrepetible concierto es el titulado “Paint The Daytime Black” de Q Records ediciones (Ref.: QR 23/24).

Otro disco imprescindible de esta trascendental gira que uno podrá ver incluído en la correspondiente lista de Bobsboots es el “Oakland Flood”, primero de los dos conciertos del Alameda County Coliseum de Oakland, California del 11 de Febrero de 1974. El sonido es de mesa y ciertamente esplendido, aunque defectuoso en ocasiones debido a daños irreparables en la cinta. Contiene una extraordinaria y vibrante versión de la siempre magnífica y en cierto sentido apocalíptica, “Gates Of Eden”. Para no perdérsela. Existe además un recopilatorio de la gira, obra de Ronnie Z, reconocible por su apodo, Barefoot, y difundido posteriormente por Stewart (Stew711), cuyo título “Sound The Battle Charge” recoge muchas de las más intensas y emocionantes interpretaciones de algunas de sus canciones durante aquél período, especialmente algunas de su álbum “Planet Waves” (Inmediatamente posterior al comienzo de la gira), que no ha vuelto a hacer en directo desde entonces, como por ejemplo “Wedding Song”, “Something There Is About You” del citado álbum , y la excelente y conmovedora “Nobody ‘Cept You”. Cómo Dylan canta en esa actuación del  4 de Enero en Chicago esta lúgubre, sombría y existencial, pero altamente apasionada declaración de amor nunca publicada oficialmente hasta 1991 (“Bootleg Series Vol.1-3, Rare and Unreleased”) es algo que estremecería a cualquier alma sensible. Todas ellas vieron su debut durante los primeros conciertos de su vuelta a los escenarios en Enero del 74, como anticipo del hoy infravalorado LP que paradójicamente llegó a ser el primero del artista en alcanzar el Nº1 en USA en las listas de ventas.

El propio Les Kokay publica también su guía “Songs of the Underground (A Collectors Guide to the Rolling Thunder Revue 1975-1976)” en 2003 y en ella encontramos la documentación relativa a ambas partes de la gira RTR, tanto la del 75 como la del 76, los conciertos celebrados y todo el material disponible. La guía del 74 traía incluso una dirección de correo electrónico donde contactar con el autor. Desconozco si aquella dirección sigue estando vigente, pero hoy en día estas grabaciones han circulado ampliamente y no resulta difícil para cualquier aficionado hacerse con cualquiera de ellas, incluso corregidas y aumentadas, y hasta reparadas, ya que la reproducción o transferencia a disco digital de alguna de ellas corría a diferente velocidad que la del equipo de grabación original (magnetofones Niagra, por lo general) y otras, incompletas, se han ido completando con los años mezclando diferentes fuentes.

De los años previos, cintas de las grabaciones Pre-Columbia realizadas por amigos y colegas del propio Bob, las Gleason Tapes o las archireproducidas Minnesota Hotel Tapes, así como de los conciertos de los 60 y la documentada trasgresión del Folk con su conversión al Rock de acompañamiento eléctrico y su adopción de la cultura pop, hasta el dramático episodio del accidente de moto que truncara su carrera en la cumbre de la fama tras la gira del 66, daremos cuenta en un próximo capítulo y comentaremos los más destacables registros, las grabaciones coleccionables, tanto descartes de las sesiones  oficiales de grabación como conciertos y títulos de los “Bootlegs” correspondientes y todo lo referente al material existente en circulación.

El Coleccionista Hipnótico

Acerca De Mí

Me llamo Luis Borrego y nací en Madrid. A los 13 años me convertí  en fan incondicional de los Beatles.  Todo empezó como una revelación cuando el EP del “Twist And Shout” y el álbum “Beatles For Sale”  cayeron en mis manos. Fueron un original regalo de una hermana de mi madre que vivía en Londres. Desde entonces siempre estuve interesado en el rock y en la música popular anglosajona. El descubrimiento del LP “The Freewheelin’ Bob Dylan” no se haría esperar, por mediación de mi buen amigo JC, cuya madrina vivía en Biarritz. Se ve que ella encontró acertado comprarle a su ahijado ese hallazgo tan imposible de avistar en España por aquel entonces. Luego vendría el single “Like A Rolling Stone” que un colega del colegio me prestó en el verano del ’66 junto con el sencillo “Gloria”, interpretado por The Shadows Of Night. Este último  ocupaba ya en aquél momento uno de los primeros puestos en las listas de éxitos del Reino Unido. Ese acontecimiento cambió mi vida para siempre. Los discos de vinilo, y en particular los LP’s de aquellos maravillosos años, más concretamente las publicaciones referidas a la música popular anglosajona, han sido para mí objetos de culto desde que el primer golpe de batería y las primeras frases de “Like A Rolling Stone” resonaran en mis oídos alterando mi sentido de la percepción. Ya nada seria nunca como antes.

Traducir y comprender las letras de las canciones del genio de Duluth se convirtió en un objetivo que abandoné pronto de manera transitoria por falta de la base necesaria en el conocimiento de la lengua inglesa. Ya se sabe, en aquellos tiempos el único idioma extranjero que se estudiaba oficialmente en el colegio en España era el Francés. Mi devoción por el vinilo se fragua durante un tiempo en el que la lucha por las libertades y la música y el mensaje de los juglares se hacen esenciales en la vida de cualquier universitario con un mínimo de conciencia social, al menos en mi país. Tener el álbum en las manos, leer las notas de la contraportada y las letras de las canciones, cuando se incluían en la publicación, hacía mucho más trascendente la experiencia sonora y daba sentido a las canciones y al universo propio del artista, canciones que expresaban las inquietudes, las emociones y sentimientos de toda una generación.

A partir de ese periodo convulso, pero feliz, vehemente y lleno de vitalidad, el Rock se hace mayor de edad y representa para muchos de nosotros una forma de vivir y de entender el mundo. Los discos son entonces, como los libros, portadores del pensamiento y del alma humana y escucharlos, tocarlos y observarlos tratando de analizar el sentido último de la obra fonográfica resulta reconfortante o al menos esclarecedor. A veces estremecedor. Esa experiencia con frecuencia generaba una sensación incluso susceptible de provocar un extraño placer de una intensidad extrema o el dolor incontenible que emana del fondo de las entrañas cuando nos hace conscientes de nosotros mismos y del desamparo, la impotencia del ser humano. Tanto como tratar de atrapar dentro de un círculo de materia plástica toda la memoria del mundo.

Sin embargo es ya en la década de los 80, mas resueltamente a partir del año 1985, cuando tomo la determinación de coleccionar vinilos y completar la discografía oficial de los Beatles y la de Bob Dylan, del que solo había comprado hasta entonces 4 ó 5 LP’s, sin que ello supusiese desconocimiento alguno de su obra que había seguido siempre con interés y con asiduidad, aunque no tanto en profundidad. Otros artistas, también relacionados con la obra de Dylan, y muchos otros de diversa índole, tanto Americanos como Británicos, van engrosando mi arsenal. Especialmente interesado en grupos de Pop Británico sesenteros y en el Folk Rock y sus derivados, así como en sus raíces, el Rhythm and Blues, el blues tradicional y en particular los Delta Blues singers del Mississippi. También intento abarcar el Rock en general y algo de jazz, aunque muy escasamente representado en mis archivos. Al final de la década vuelvo la vista atrás hacia la movida madrileña y voy incluyendo algún que otro disco de grupos o artistas españoles, artistas como Gabinete Caligary o Los Pecadores, aunque en última instancia son los nuevos valores los que más me atraen, centrado muy concretamente en El Ultimo De La Fila (Quimi Portet y Manolo García) y sus diversas formaciones, cómo Los Rápidos y Los Burros. Algo de Radio Futura y también cante Flamenco, en particular Camarón, José Meneses y Manolo Caracol, se juntan en mis estanterías y hasta míticos representantes de la copla Hispana, como Concha Piquer, se suman al batiburrillo, al igual que el ilustre cantante Carlos Gardel, el más popular a nivel universal y significativamente destacado intérprete del Tango Argentino.  Nuevos descubrimientos, como Talking Heads, The Cure o R.E.M. , y otros no tan ampliamente representados en número, como Pixies, Stone Roses o Silencers, aportan nueva savia al muestrario, en mi lista de pertenencias. A partir de 1990, ya en la era digital, con el nacimiento del minidisc y otras formas de grabación y reproducción, mi volumen de adquisición de vinilos decae, aunque sigo atento a nuevas publicaciones de los artistas más relevantes en mi personal jerarquía de valores artísticos y musicales.

Es a partir de 1999 cuando descubro el alcance de internet y la posibilidad de hacerme con grabaciones insólitas antes inaccesibles mediante intercambios con otros coleccionistas con los que se podía contactar a través de Google Newsgroups, tales como rec.music.beatles o rec.music.dylan.

Es por ello que llego en 2004 a formar parte de un reducido colectivo al que de forma privada e intima denominamos  Dylan Traders Community y de ese modo acabo convirtiéndome en moderador, luego administrador  y finalmente co-Fundador de la página Hungercity, hoy ya desaparecida. Algunos de vosotros, los que frecuentabais ese espacio u otros de esas características, ya me conoceréis como Luisbp51, el nick con el que me identificaba en esos ámbitos.

Abro así con este Blog una nueva etapa en la que mi intención es dar a conocer el alcance de la obra de muchos de esos artistas, exponer mi colección públicamente y poner a disposición de cualquier persona interesada los cauces para hacerse con determinados ejemplares, grabaciones  de escasa difusión y vinilos descatalogados o raramente accesibles. Espero que os sea de utilidad y que encontréis aquí un lugar donde tener acceso a cierta información relativa a vuestros intereses como coleccionistas y amantes del rock y de la música popular.

El coleccionista Hipnótico

Presentación

Bienvenidos a mi pagina. Aquí encontrareis una recopilación, enumeración o referencia a los álbumes que a lo largo de mi vida he ido acumulando. En otros casos tal vez solo mención o descripción de aquellos que por diversas causas considero relevantes y en mi opinión merece la pena destacar. Pongo toda esta información a vuestra disposición y si hay algo que os pudiera interesar o que os gustaría adquirir de entre los ejemplares que se citan en este espacio o estuviesen relacionados con el material aquí descrito, no dudéis en contactar conmigo. Yo procuraré proporcionaros los cauces para que podáis haceros con dichos ejemplares, si  ello fuese posible. También estoy abierto a opiniones y sugerencias. Espero que disfrutéis recorriendo este espacio y encontréis motivación en su contenido.

The Doors (Version en Castellano)

Asistí hace unos días con mi grabadora al último concierto hasta la fecha del cantautor Español Iñigo Coppel en la sala Galileo Galilei. Afortunadamente tuve ocasión de registrar el audio de la mesa de mezclas y mientras lo escuchaba al día siguiente para separar la grabación en pistas, presté atención a una nueva canción de las suyas, recientemente escrita, que dedica a una mujer a la que vio junto a la tumba de Jim Morrison durante una visita al cementerio de Père Lachaise en Paris. Al parecer ella escribía un poema y en su mano una flor acariciaba el nombre en la piedra del mítico artista. Aquello le inspiró esa canción, bella y melancólica, por cierto. Y eso fue lo que me proporcionó la idea para iniciar este artículo que hoy dedico a The Doors, el álbum homónimo de la banda y primero de su discografía, grabado en Agosto de 1966 y publicado en Enero de 1967.

the doors

Era yo un adolescente de 16 años y aquella tarde celebrábamos una fiesta entre amigos en casa de alguno de nosotros, los colegas habituales. El hermano de alguno había viajado recientemente a los Estados Unidos y adquirió allí el álbum que nos ocupa, que nuestro amigo trajo consigo para satisfacción nuestra, tomándolo prestado, puede que sin permiso. Naturalmente, el LP no estaba aún disponible en España, por lo que fue un autentico lujo para todos nosotros tener la oportunidad de escucharlo y bailar a su ritmo. Mientras escuchábamos “Light My Fire”, como hechizados bajo el influjo del teclado de Ray Manzarek, alguien apagó la mayor parte de las luces. A medida que el disco giraba en el plato del tocadiscos nosotros bailábamos en la penumbra cada vez más enfebrecidos. “Crystal Ship” sonaba como un réquiem, aparentemente escrita para una ceremonia funeraria, pero era preciosa y contribuyó a hacernos entrar en trance. Cuando el solo de órgano de la última pista comenzó a sonar ya nos sentíamos como si estuviéramos en un viaje a una tierra desconocida. Los magnéticos, desconcertantes acordes de “The End” causaron un efecto hipnótico en todos nosotros. A medida que avanzaba la canción fuimos abducidos, arrastrados a otro nivel mental diferente, como si hubiéramos tomado drogas o algo así, que por supuesto no era el caso. Nos sentíamos como en ácido, aunque ni siquiera habíamos bebido alcohol, probablemente. No sabíamos por qué, pero nos abandonamos al mantra de aquella música embriagadora. Y bailamos hasta el final como zombis, compartiendo el mismo sentimiento, disfrutando juntos esa experiencia inolvidable.

Me pregunto por qué sucedería aquello y eso me hace pensar en el poder de la mente y el papel de la música y de las artes en general. Éramos muy jóvenes, eso es cierto, y desde luego, estábamos en plena era psicodélica, pero no era solo eso, había también una sensación de libertad que infundía el sonido y la forma en que el vocalista cantaba y pronunciaba aquellas palabras al compás de ese ritmo, con aquella armonía, lo hacía todo nuevo y provocativo. Lo que quiero decir es que su música, especialmente los riffs del órgano de Ray Manzarek acompañando a la audaz interpretación de Jim Morrison, nos permitió liberar nuestra mente y adentrarnos más profundamente en un mundo desconocido de algo que estaba prohibido para nosotros. Tuvimos la sensación de que las drogas podrían permitirnos cruzar la barrera entre la consciencia y el subconsciente y nos dimos cuenta de que podíamos hacerlo sin ellas. Eso supuso un liberación, una renuncia a nuestros prejuicios sin llegar del todo a introducirnos en un mundo pecaminoso a nuestro entender que habría sido un enorme obstáculo para nuestro sentido de la dignidad y el concepto de degradación que habría podido significar para nosotros el abuso de sustancias tóxicas a esa temprana edad.

No teníamos todavía la menor idea acerca de la actitud rebelde de Jim Morrison, pero su particular sentido de la libertad y su voluntaria transgresión de la moral convencional, que le llevó a provocar diversos escándalos en los escenarios, tales como el tristemente famoso incidente en el Ed Sullivan Show, trascendió, obviamente, el trabajo fonográfico y logró alcanzar nuestra todavía tierna sensibilidad. Para aquellos de vosotros que no habíais oído nunca hablar del mencionado incidente en el programa de televisión de Ed Sullivan, aquí tenéis un breve resumen de lo acontecido:

Se advirtió a los Doors antes de la actuación de que no podían emplear en la televisión nacional, CBS, la palabra “higher” incluida en un verso de “Light My Fire”,

‘You know that it would be untrue
You know that I would be a liar
If I was to say to you
Girl, we couldn’t get much higher’

Así que, ellos lo aceptaron, pero Morrison decidió que era parte integral de la canción y acordaron no cambiar una sola palabra, así que la cantaron tal cual, de todos modos. Aquellos shows eran en directo por aquél entonces. Después de su actuación los productores se precipitaron en el vestuario, Sullivan echando espuma por la boca, y les dijeron que nunca más podrían aparecer de nuevo en un programa de la CBS. Se les prohibió volver al espectáculo. Su primera y última actuación.

Según los informes, Jim Morrison respondió al rechazo de los productores en un tono desafiante, “¡Oye tio,  ya está, ya hemos ‘hecho’ el Sullivan Show!”

Una amiga me comentó que, aun siendo diferentes circunstancias, la reacción de Ed Sullivan le recordaba a Pete Seeger con un hacha tratando de cortar los cables en el Newport Folk Festival en 1965 con el fin de abortar el sonido (ellos lo llamarían “ruido”) que salía de las guitarras eléctricas e instrumentos de Dylan y la Butterfield Blues Band. Tal vez no del todo similar, pero se podría decir que tenía que ver con el mismo tipo de intolerancia.

Por supuesto, la rebeldía de Jim Morrison era probablemente algo que nos pareció seductor y hasta, en cierto modo, embriagador. Sus actuaciones mostraban ese deseo urgente de comerse el mundo, devorando la vida a cachos.

No sabíamos nada de él entonces. Pero ahora sabemos que era un niño con una enorme imaginación e ideas un tanto oscuras. Por alguna razón tenía una cierta afinidad con el lado oscuro de la vida. De todos modos, pronto se convirtió en un joven díscolo que creció influenciado por Nietzsche y la corriente existencialista de la Generación Beat. Algo que era probablemente el signo de los tiempos.

Jim se graduó en la escuela de cine de UCLA, donde conoció a Ray Manzarek. El joven Morrison ya escribía letras brillantes inspiradas en Rimbaud y llenas de imágenes imbuidas del surrealismo de Antonin Artaud. Su compañero de clase, Ray, pensó que sus letras eran excelente material rock y no tardó mucho tiempo en convencer a Jim de que deberían formar una banda de rock. John Densmore se unió a ellos inmediatamente y Krieger se sumó más tarde a la formación.

Muy pronto grabaron su primer álbum, logrando un merecido reconocimiento a nivel nacional después de firmar con Elektra Records en 1967.

El álbum era una fascinante introspección dentro del mundo psicodélico. No sabía yo que el nombre del grupo era una referencia a la noción de abrir las puertas de la percepción a través del consumo de alucinógenos, pero parece ser cierto. La idea surgió del libro de Aldous Huxley “Las Puertas de la Percepción”, que estaba a su vez inspirado en una frase de “El Matrimonio Entre el Cielo y el Infierno” de William Blake, que decía así: “Si se despejaran las puertas de la percepción todo aparecería al hombre tal y como es, infinito”.

Y, ciertamente, su música sonaba infinita para nosotros. No sabíamos lo que estaba pasando, no sabíamos nada en absoluto. Pero estábamos allí hechizados, cada vez más implicados en el signo de los tiempos, seducidos por la propuesta de un mundo abierto, visto desde una perspectiva diferente, con una mente abierta. Era como ser repentinamente consciente de que hay otros mundos pero están en éste. Nunca pude olvidar la forma en que ese disco me impresionó, cómo esas canciones causaron en mí un profundo impacto y por consiguiente en la vida que vivíamos en aquél tiempo.

Pienso en lo que The Doors representan en la evolución de la música y cómo influyeron en jóvenes como nosotros, cómo nos sentimos conmovidos por el ritmo y la armonía de su trabajo con el temperamento rebelde y salvaje de Morrison. Incluso parecían reivindicar una cierta libertad de expresión a pesar de su atractivo comercial. Estábamos, más que inducidos, impregnados de aquél existencialismo de andar por casa que asimilamos fácilmente, sin mucha consciencia de a dónde nos conduciría. Aunque sin duda nos ayudó a iniciar un camino a través de lecturas sugeridas con las que instintivamente estuvimos de acuerdo. Sería un camino que recorreríamos totalmente conscientes de a dónde nos dirigíamos.

El LP fue un gran acierto. “Light My Fire” se convirtió en uno de sus grandes éxitos, especialmente a través de la versión de José Feliciano, que proporcionó a la canción una enorme popularidad. Aunque supongo que el hecho más relevante fue la inclusión de “The End” en la banda sonora de “Apocalypse Now”, lo que ayudó a difundir su trabajo conceptual más significativo, convirtiéndoles en una de las bandas más célebres de la historia del rock.

Sin embargo, tanto como su propio talento como compositor, fue la controvertida figura de Jim Morrison y su carácter audaz, junto con el drama que rodeo su vida y su muerte, lo que acabó garantizándole el derecho a ser considerado una de las estrellas del rock más emblemáticas de la historia. Era bien conocida su dependencia del alcohol y su adicción a la heroína, así como el uso frecuente de alucinógenos, pero su poesía improvisada a ritmo de rock siempre podía redimirle. En una ocasión fue detenido por mostrar sus atributos masculinos en el escenario en un lamentable concierto en New Haven, CT. Tal incidente apareció en la película de Oliver Stone, “The Doors”, lo que no hizo otra cosa que reforzar el mito. Su muerte en París en extrañas circunstancias al parecer debido a una sobredosis de heroína, aunque ese dato nunca se ha verificado, finalmente contribuyó a la leyenda.

The Doors

A few days ago I attended last concert to date of Spanish singer Iñigo Coppel at Galileo Galilei equipped with my recording gear. Fortunately I was able to tape the soundboard and next day, as I was listening to it, I paid attention to a new song of his, dedicated to a woman he met at Jim Morrison’s grave while visiting Père Lachaise cemetery in Paris. Apparently she was writing a poem and, with a flower in her hand, she stroked the name on the stone of the legendary artist. That event inspired the song, beautiful and melancholy, indeed. And that gave me the idea to start now this article about The Doors, the eponymous album of the band, first of their discography, recorded in August 1966 and published in January 1967.

the doors

I was a teenager of 16 and that afternoon we celebrated a party with friends at the home of one of our regular colleagues. Someone’s brother had recently traveled to the United States and bought the album in question, which our friend brought to our satisfaction, borrowing it, maybe without permission. Of course the LP was still unavailable in Spain, so it was a treat for all of us to have a chance to listen to and dance to it. As we were listening to “Light My Fire”, bewitched under the spell of Ray Manzarek’s keyboard, someone turned most of the lights off. As the disc was still spinning on the turntable we were feverishly dancing in the gloom. “Crystal Ship” sounded like a requiem, seemingly written for a funeral party, but it was beautiful and contributed to making us fall into a trance. When the last track organ solo started we were already feeling as if we were on a trip to an unknown land. The magnetic, bewildering chords of “The End” caused a mesmerizing effect on us all. As the song progressed we were abducted into a different mind level, as if we had taken drugs or something, which of course was not the case. We felt like we were on acid, though we had not even drank any alcohol, most likely. We didn’t know why but we abandoned ourselves to the mantra of such intoxicating music. And we danced ’til the end like zombies, sharing the same feeling, enjoying together such an unforgettable experience.

I wonder why it happened and it makes me think of mind power and the role of music and arts in general. We were very young, that’s true, and of course we were through the psychedelic era, but still there was a sense of freedom that the sound instilled and the way the words were sung, along with the rhythm and harmony, made it all new and provocative. What I mean is that their music, especially Ray Manzarek organ riffs, beside Jim Morrison bold delivery, allowed us to free our minds and get further into an unknown world of something that was for us forbidden. We felt like drugs could make us cross the barrier between consciousness and the subconscious mind and we realized we could do it without them. That was a release, a liberation of our prejudices, without going further into a sinful world that would have been an overwhelming hurdle for our sense of dignity and the concept of degradation that substance abuse might have meant for us at that early age.

We still didn’t have any idea about Jim Morrison’s rebel attitude, but his particular sense of freedom and his willful transgression of conventional morality that led him to provoke several kind of scandals while performing live, such as the infamous incident at Ed Sullivan show, obviously transcended the phonographic work and reach out to our still tender sensibility. For those of you who never heard of the incident at the Ed Sullivan TV show, here’s a brief summary of the event:

The Doors were told before the performance that they couldn’t use the word “higher” included in the “Light My Fire” verse, on national CBS television,

You know that it would be untrue
You know that I would be a liar
If I was to say to you
Girl, we couldn’t get much higher’

Therefore, they agreed, but Morrison decided it was integral to the song so they concluded they wouldn’t change a word and sang it like that anyway. Those shows were live at that time. After their performance the producers rushed into the dressing room, Sullivan foaming at the mouth, and The Doors were told they could never appear again on national CBS TV. They were banned from the show. Their 1st and last.

Jim Morrison reportedly replied to the producer’s rejection in a defiant tone, “Hey man, we just ‘did’ the Sullivan Show!”

A friend of mine told me that, even being different circumstances, Ed Sullivan reaction reminded her of Pete Seeger with an axe trying to cut the cords at Newport Folk Festival in 1965 in order to avoid the sound (they would call it “noise”) coming out of Dylan and the Butterfield Blues Band electric guitars and instruments. Maybe not quite similar, but one might say it had to do with the same kind of intolerance.

Of course Jim Morrison’s rebel mind was probably something we found seductive and intoxicating. His performances had that urgent desire to take on the world, tearing all of life to pieces.

We didn’t know then anything about him. But we know now he was a kid with a huge imagination and dark ideas. For some reason he had this affinity to the obscure side of life. Anyway, he soon became a wayward young man who grew up influenced by Nietzsche and the existentialist stream of the Beat Generation, something that was probably the sign of the times.

Jim graduated from UCLA film school, where he met Ray Manzarek. Young Morrison was already writing brilliant lyrics inspired by Rimbaud, filled up with imagery derived from Antonin Artaud’s surrealism. His schoolmate Ray thought his lyrics were excellent rock stuff and it didn’t take so long for him to convince Jim that they should make a rock band. John Densmore joined them immediately and Krieger was later added to the lineup.

They soon recorded their debut album achieving national recognition after signing with Elektra Records in 1967.

The album was a fascinating introspection into the psychedelic world. I didn’t know the name of the band was a reference to unlocking the doors of perception through psychedelic drug consumption, but it seems to be true. The idea came from Aldous Huxley’s book “The Doors of Perception” which in turn was inspired by William Blake’s line from “The Marriage of Heaven and Hell,” which read like this: “If the doors of perception were cleansed everything would appear to man as it is, infinite.”

And certainly their music sounded infinite to us. We didn’t know what was happening, didn’t know anything at all. But we were there spellbound, getting deeper into the sign of the times, seduced by their proposal of an open world seen from a different perspective with an open mind. It was like suddenly being aware that there are other worlds but they are in this one. I could never forget the way the album impressed me, how those songs made a deep impact on me and the life we were living at the time.

I think of what the Doors represented in the evolution of music and how they influenced young people like us, how we were moved by their rhythm and harmony with Morrison’s wild and rebellious temperament. They were even embodying a certain freedom of expression despite their commercial appeal. More than introduced to, we were impregnated with this homespun existentialism which we easily assimilated without much awareness of where it would lead us. However it helped us to find a path through suggested readings which we instinctively agreed with. It would be a path we would walk fully aware of where we were going.

The LP was a big success. “Light My Fire” became one of their greatest hits, especially through Jose Feliciano’s cover, which granted the song a huge popularity. But I guess the most relevant event was the inclusion of “The End” as part of “Apocalypse Now” soundtrack, spreading all around their meaningful conceptual work, making them one of the most celebrated bands in rock’s history.

However, as much as his own songwriting, it was Jim Morrison’s controversial figure and bold character, along with the drama surrounding his life and death, that entitled him to be considered one of the most iconic rock stars ever. His alcohol dependence and frequent abuse of heroin and hallucinogens was well known, but his  improvised poetry to a rock beat could always redeem him. He was once arrested for showing his male attributes on stage at a pitiful concert in New Haven, CT. This incident appeared in the Oliver Stone movie, “The Doors”, further reinforcing his myth. His death in Paris under strange circumstances apparently due to an heroin overdose, though still never verified, finally contributed to the legend.

The Hypnotist Collector

Los Nobles Salvajes (Iñigo Coppel)

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Os invito desde aquí a participar en el crowdfunding para financiar el próximo disco de Iñigo Coppel, 4º de su discografía, que promete ser una verdadera joya. Muchos ya hemos tenido la oportunidad de escuchar en directo la mayor parte de las canciones que se incluirán en este nuevo disco y podemos afirmar que son espléndidas, variadas y vigorosas. Un manojo de canciones que sin duda constituirán un extraordinario album digno de pasar a la historia. Os lo aseguro. Si aún no lo habéis hecho, sumaros al proyecto. Haceros con un ejemplar y así tendréis la oportunidad de escucharlo detenidamente. No os arrepentiréis. Estoy convencido de que una vez adquirido vais a disfrutarlo como enanos; como Nobles Salvajes, que diría Iñigo. Tengo la certeza de que esa experiencia auditiva proporcionará enorme satisfacción a aquellos que de verdad amáis la canción de autor y la música popular.

Collecting Bob Dylan (The Shaman’s Vault)

I’m bringing here, as an introduction, the first article I wrote for the monographic magazine “Desolation Post”, devoted to Bob Dylan (#4, February 2007):

The Shaman’s Vault                           

We start this dedicated section here to encourage collecting activities and provide information about the sources, antecedents and means to obtain a first selection of essential recordings. So this is meant to orient the fans on how, where and what to look for to extend their collections or to begin in this world plagued of archives, numbers and codes. I’m referring to a world in which the essences of what still remains hidden in the Shaman’s vault reside. When someone finally comes to admire without reserves the works and figure of somebody as illuminated and visionary, unclassifiable and enigmatic as Bob Dylan is, he can hardly avoid to try and monopolize all his work, or at least all that has already been officially released. But if one day you come to get all his official material (hardly everything, but still catalogued and available) and have the fortune to understand the live art of the gifted songwriter, you will want to go further. If you enjoy his talent to recreate his own world every evening on stage and the universe of his old, new and not so new songs, without a doubt you will be led to try to decipher something out of that world. That will make you eager to collect all and each one of the many concerts the minstrel of Minnesota has been offering throughout his entire career. You will want anything to help you discover every day a new version or find some sublime performance that could eventually quench your need for emotions. It could be a harmonica solo, just a singular phrasing, a guitar’s riff, a few captivating chords, anything that fills up the emptiness inside  your soul due to the prolonged absence of a new and mysterious Dylan. A dedicated collector might soon become fascinated, yearning for anything related to such an imitated yet inimitable creator with the unforseeable gift to combine the naked and untamed beauty, and the fury of reason, in the middle of madness. All of this happens because one has come to understand that his songs, as well as each one of his performances, are nothing but roadmaps for the soul, flooding torrents of wealthy emotions that moves you to reconsider your own sense of perception. There’s always something that animates you to look for and search, to catch them all and complete everything that’s been left behind him and what is about to come. Because it’s never enough with some, a few, many, the best achivements or the less known versions, one ends up needing all of them to try and totally include the whole genius.

They say that Bob owns several armored vaults where he keeps all the stuff his crew has been recording all along his artistic trajectory. It would include thousands and thousands of miles of tape with endless footage obtained from the concerts he has already celebrated to date. Could it be true? If so, it would be the dream of every collector dedicated to his work, to obtain all those recordings and keep them in his own vaults to listen to them privately. One would  want to preserve them like gold in cloth between the walls of his private temple. I do not doubt Dylan himself must have a good part of the best work he’s done, live recorded by his acolytes and carefully maintained under lock and key. But what seems to me less probable yet is that the reach of that material covers each and every one of the shows the icon from Duluth has given throughout history. Nevertheless audience recordings of a great part of his work on stage exists. We may certainly find practically everything from 1974 on, more than sufficient stuff of the 60’s (mainly from 63 to 66) and a great number of soundboard recordings.

All these recordings, either taped from the audience or extracted soundboard, will be the subject of our study and our yearnings.

In order to begin with one or several lists of the essential ones, as most of you might already know, having access to the Internet would be enough to obtain the “must have” selection off the famous Craig Pinkerton’s website http://www.bobsboots.com. Here a list can be found including a one-by-one description of those unofficial editions. The complete site is a huge catalog of bootlegs containing the most impressive recordings and remastered works of legendary shows or more remarkable performances of the nomadic artist. Another one of these lists to be considered is the very recommendable one of John Howell. His project enumerates those shows for which a decent recording exists, or even excellent in many cases. They are those that from a personal and subjective point of view deserve to be listened to, at least once, by every good fan. Also interesting are the recommendations by Paul Williams or Clinton Heylin. The most exhaustive and generally trustworthy documentation about the concerts, performances and recording sessions made by the most influential figure of Rock might be found in Olof Björner’s archives. Great collectors of the enormous and amazing live work of our friend Zimmerman  will be mentioned next. Their work should be taken as an origin, information source and present documentation of a great part of the works recorded during the last quarter of the last century and the previous years. We are talking about excellent researchers for the study, compilation, documentation and evaluation of the performing art’s legacy of the little great white wonder, such as Les Kokay, Michael Krogsgaard, Glen Dundas, Jeff Friedman or Bill Pagel (author of the unavoidable site Bob Links). All of them investigators, compilers and most likely authors themselves of the most remarkable live recordings one can find of the mythical periods in Dylan’s history and therefore of Rock.

Kokay published in 2000 his own catalogue of the complete recordings of the 1974 tour, “Bob Dylan/The Band (A Collectors Guide to the 74 Tour)”, updated in 2005, which he compiled and remastered to a great extent. So, thanks to him they have finally arrived to us in a still acceptable condition, some of them (few of course) excellent registries for the time. Nevertheless, in the heading he quotes Clinton Heylin, as a form of recognition to the contribution of this author, with a statement that is not totally wrong but I do not share it, “There are two problems with the 1974 tour: the tapes are crap and Dylan’s performances are crap.” – C. Heylin, Telegraph 32 pag 86. The tapes are in their great majority of a lamentable quality, that is unquestionable, but instead I believe the performances of the furious artist of Columbia are quite convincing. Although he most likely sang and played his guitar, or sat at the piano, in a post-moonshine state when not completely under the influence of the alcohol or any other intoxicating substances, we can tell he was fervent and still focused. For that matter,  I think  there is no doubt that his uninhibited delivery and high degree of emotional load turns out to be now a terrific moving experience. For instance we’ve got “Before The Flood”, the official edition of the tour containing, in my opinion, one of the best live versions ever of the classic “Just Like A Woman”, true fire and clamorous storm of purifying rain just before the flood. It is also obligatory to listen to the complete concert from which some of the tracks on the official disc were extracted (among them the mentioned Just Like A Woman). I’m talking about February 14th, 1974 at The Forum in Los Angeles, late show, which contains another true masterpiece of the performing art from the author of Like A Rolling Stone. An unexpected and subduing “It’s All Over Now, Baby Blue” that leaves the kind listener disturbed as well as full of admiration. The essential bootleg that includes the soundboard recording of this impressive and unique concert is the one titled “Paint The Daytime Black” of Q Record editions (ref: QR 23/24). Another essential disc of this transcendental tour that one should be able to find included in the corresponding Bobsboots list is “Oakland Flood”, first of both shows at the Alameda County Coliseum in Oakland, California on February 11th, 1974. The sound is PA and splendid, although certainly defective sometimes due to irreparable damages on the tape. It contains an extraordinary and vibrant version of the always magnificent and in a certain sense apocalyptic, “Gates of Eden.” Not to be missed. There also exists in addition a compilation of the tour, work by Ronnie Z, who should be easily recognized by his nickname, Barefoot. This compilation, whose title “Sound The Battle Charge” gathers many of the most intense and exciting performances of some of his songs during the period,  was later spread by Stewart (Stew711).  I would especially mention some of them from his album “Planet Waves” (immediately subsequent to the beginning of the tour). I mean songs that he has never done live again since then, like “Wedding Song” for instance, “Something There Is About You” off the mentioned album, and the excellent and stirring “Nobody ‘Cept You” never officially released until 1991 (“Bootleg Series Vol.1-3, Rare and Unreleased”.)  The way Dylan sings in that performance of January 4th in Chicago this dismal, shady and existential,  but highly enthusiastic declaration of love, is something that would shake any sensitive soul.  All of them saw their debut during the first concerts of his return to the stage in January 1974, in advance of the nowadays underrated LP that paradoxically got to be first from the artist to reach Nº1 in the USA top sales lists.

Les Kokay himself also publishes his guide “Songs of the Underground (A Collectors Guide to the Rolling Thunder Revue 1975-1976)” in 2003. In it we found documentation relative to both parts of RTR tour, the concerts and all the available material. Nowadays these recordings have been widely circulating and wouldn’t be difficult for any fan to acquire them. They have been now corrected, even completed and also repaired, since the reproduction or transference to digital disc of some of them ran at different speed than the equipment used for the original recording (Nagra Tape recorders, usually.) Others that were incomplete have been completed through the years mixing different sources.

As for the previous years, tapes from pre-Columbia recordings made by friends and Bob own’s colleagues, the Gleason Tapes or the multi-reproduced Minnesota Hotel Tape, as well as many of the concerts from the 60’s, we will give account in a next chapter. On subsequent issues we will continue through the documented transgression of Folk, his conversion to electrified Rock and his adoption of pop culture, until the dramatic episode of the motorcycle accident. All of this will be main subject of future installments of this section and we will comment on the most remarkable captures, the collectable recordings, corresponding outtakes of the official recording sessions, concerts, titles of bootlegs and everything referring to the existing material in circulation.

The Hipnotist Collector