Quédate Conmigo

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No fui muy diligente a la hora de hacerme con un ejemplar del penúltimo disco de Bob Dylan, el álbum titulado “Shadows In The Night”. En cualquier otro caso habría corrido a visitar la tienda on line de Amazon para encargarlo con antelación en cuanto estuvo disponible. Pero el puñado de versiones de antiguas canciones interpretadas por Sinatra no llamaba especialmente mi atención. Más aún cuando ninguno de los títulos de las canciones seleccionadas me resultaba familiar. De hecho nunca llegué a adquirirlo por propia iniciativa, sino que fue un regalo que me hicieron que nunca agradeceré lo suficiente.

La primera vez que lo escuché lo hice sin demasiada convicción mientras dedicaba mi tiempo a otras actividades que seguramente me proporcionarían una más inmediata gratificación. O eso creía yo. Uno a veces puede resultar de lo más banal, incluso “snob”. Mi primera impresión fue acogerlo con extrañeza, mas bien como otra osadía del afamado cascarrabias, empeñado en demoler su leyenda. Y pensé, “demasiado sombrío, pero en fin, está bien, se ha ganado con creces el derecho de hacer lo que le venga en gana”. Me dije, “no importa, ya lo escucharé más adelante con el debido respeto y con mayor detenimiento, seguro que lo merece. Tendré que poner mis cinco sentidos en la letra de las canciones y en su forma de cantarlas”. Y así lo hice. A la noche siguiente me senté tranquilamente a escucharlo y a saborear una por una cada una de las piezas de tan refinado mosaico.

¿Que por qué lo hice? En primer lugar, como ya he dicho, por respeto al artista, y luego porque, después de tantos años, ya sé que para llegar al verdadero placer de los sentidos que significa entender a Dylan, no basta con la primera escucha o con un acercamiento superficial, hay que penetrar en el alma del intérprete persiguiendo en sus rimas hasta el último aliento. No en vano la primera vez que oí “Visions Of Johanna” me pareció una letanía insufrible y en poco tiempo acabó siendo tan imprescindible como lo fueron “Desolation Row” y “Gates Of Eden”. Canciones llenas de significado. Con ellas llegué a entender que hay una peculiar belleza más allá de los confines de la realidad y que por más que uno discuta sobre lo que es real y lo que no, nada de eso importa dentro de ese lugar al que Bob Dylan nos invita.

VisionsOfJohanna_by_T.ScottMcLeod

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Aunque lo que de verdad importa es lo que ocurrió entonces. La suave brisa del lamento de “I’m A Fool To Want You”, la cálida ternura y la desgarradora revelación de un amor enfermizo que es necesario erradicar, pero sin el que es imposible vivir. La hermosa tristeza en la evocadora voz ya gastada transmitiendo la emoción de ese amargo final en el que descendió la luna y desaparecieron las estrellas, pero el sol no salió al amanecer. No había ya nada que decir, “The Night We Called It A Day (la noche en que lo dejamos)”. Todas esas historias de desengaño, de amores sin remedio que lastiman y son a un tiempo inevitables, cantadas con la maestría de un dotado narrador con la voz ronca y dolida y la extremada habilidad de un avezado intérprete con la experiencia de medio siglo.

Todo eso estaba sucediendo cuando el sonido melancólico de la tercera pista llega a mis oídos, abriendo de nuevo mi sentido de la percepción como tantas otras veces. Solo que esta vez discurría por caminos muy diferentes, de vuelta a un pasado lejano que ni siquiera podría recordar. La canción, titulada “Stay With Me (Quédate Conmigo)”, había hecho su debut en directo pocos meses antes, interpretada por Dylan en el concierto del 26 de Octubre de 2014 en el Dolby Theatre de Hollywood, CA. Naturalmente yo ya había escuchado esa versión en directo y probablemente alguna otra versión posterior de esa misma gira que me habría impresionado muy favorablemente. Sin embargo, no le había dedicado aún la atención requerida a la grabación de estudio que ahora llenaba la sala de mi apartamento. Algo en esa interpretación me conmueve y sugiere un análisis mas exhaustivo. Tengo que escucharlo de nuevo para poder hablar de ello. Lo dejo para el final.

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Bob Dylan’s album, Shadows In The Night, released on February 3, 2015
A selection of songs made famous by Frank Sinatra

Continúo atento a “Autumn Leaves”, llena de nostalgia y melancolía. Una composición redonda que Dylan canta con una convicción nada desdeñable comparativamente y una maestría sin precedentes en su carrera discográfica. Sin duda la más lograda interpretación del disco, para aquellos expertos en técnica vocal, junto con el tema anterior, “Stay With Me”, del que luego hablaremos en profundidad. Sin olvidar el título que cierra el álbum, “That Lucky Old Sun”; Esa maravillosa plegaria del pobre trabajador extenuado que envidia al sol por no hacer nada sino dar vueltas por el cielo todo el día. Un tema que Dylan ya cantó con cierta frecuencia en el año 86 y luego en Madison ’91, donde hizo una versión inolvidable. Volvió a cantarla en alguna otra ocasión, pero nunca en un registro ni parecido a como lo hace aquí en este disco especialmente elaborado para melómanos. “Why Try To Change Me Now” les sigue en calidad a estos cortes antes mencionados, hablando de sueños echados por tierra. El viejo trovador entona aquí con mucho escepticismo y una cierta ironía en el carácter indolente de su voz otoñal la queja de un trotamundos sentimental incapaz de ser lo que no es. La imposibilidad para un lamentable soñador de llevar una vida convencional. Alguien que se acepta a si mismo y acepta su destino, permitiendo que la gente haga conjeturas y se burle de él ¿No lo recuerdas? Siempre fui tu payaso ¿Por qué intentar cambiarme ahora? “Some Enchanted Evening” no desmerece del resto, pero tal vez sea el tema del disco que menos impacto ha causado en mi, junto con “Where Are You”, incluso si el sentido último recuerda “Lay Lady Lay” o “If I Threw It All Away”. Y eso que me encanta la forma de canturrear ese bamboleo de la tonadilla cuando dice: “Who can explain it, who can tell you why? Fools give you reasons, wise men never try (¿Quien puede explicarlo, quien sabe por qué? Los locos tienen razones que los sabios no entienden)”. Casi me recuerda a un villancico y tiene su magia.

Como en una vuelta a los años 30 que no conocí salvo en las películas Americanas, la melodia de “Full Moon And Empty Arms” me envuelve en su romántica aspiración y me guía hacia otra dimensión donde su cadencia deja paso a la infundada esperanza de un sueño que, en la voz desencantada del ‘crooner’ trasnochado que Dylan ha llegado a ser, resulta demasiado ilusorio. Suavemente, entonada más con la apariencia de un suspiro que con la de la formulación de un deseo, la canción despierta en mi emociones que tienen mucho que ver con los sueños rotos. También abre un resquicio a la posibilidad todavía remota de un final gratificante:

“Full moon and empty arms
Tonight I’ll use the magic moon to wish upon
And next full moon
If my one wish comes true
My empty arms will be filled with you

(Luna llena y brazos vacíos
Esta noche formularé un deseo a la mágica luz de la luna
Y la próxima luna llena,
Si mi deseo se cumple,
Mis brazos vacíos te estarán abrazando)”

Sin embargo, en la actual voz de Dylan, tal como él pronuncia esas palabras, como marca las pausas, como frasea en ese cálido y grave susurro, deja al oyente rendido al desaliento. Probablemente no habrá otra luna llena y, si la hay, uno tiende a creer que esos brazos seguirán vacíos.

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Las dos primeras veces que escuché “Where Are You?” no me decía gran cosa. Es una canción cursi, opinaba, y por más que su intérprete se empeñe en poner toda su fe en el meollo de este viejo tema el resultado me parecía un poco flojo. Lo sorprendente es que al escucharla ahora varias veces seguidas tratando de encontrar calificativos con los que describir mis impresiones, acabo por admitir que hay una cierta belleza en ella. Un sabor a fruta madura, a un pasado remoto. El dulce y triste aroma de la nostalgia. Trataba de expresar lo que sugieren los matices que el veterano artista de Columbia incorpora a esta versión suya. Pero al final eso carecía de importancia, porque lo que de verdad trasciende no es la calidad de la interpretación, sino la patina del tiempo. Ese sabor añejo que no solo pertenece a la canción en si misma sino a la propia naturaleza de la voz que la interpreta.

Penúltima pista. ¿Qué haré cuando estés lejos y esté triste? ¿Qué haré? Cuando me pregunte quien te besa ¿qué haré? Ya sé lo que me vais a decir, podría ser una canción de Jose Luis Perales. Puede parecerlo. Pero no es así. No al menos en la voz de Dylan. Aunque atendiendo a esta estrofa:

“What’ll I do with just a photograph
To tell my troubles to?

When I’m alone
With only dreams of you
That won’t come true
What’ll I do?

(¿Qué haré con sólo una fotografía
A la que contarle mis penas?

Cuando esté solo,
Solo con mis sueños
que no se cumplirán
¿Qué haré?)”

Encontramos esa evocadora imagen del sujeto ahogando sus pesares ante la única foto que posee de su amada. Un pasaje que difícilmente encaja en la idea que yo tengo del cantautor Español. Sin que ello suponga menosprecio alguno hacia la obra del compositor de Castejón (Cuenca). Pero tampoco está para mi este “What’ll I Do” entre lo mejor del disco. Lo más destacable ya lo he mencionado y solo resta decir, antes de analizar mi canción favorita, que el broche de oro lo pone “That Lucky Old Sun” con una interpretación magistral. Bob Dylan suele acabar sus álbumes de estudio con un tema significativo, generalmente de gran calidad. Y este “Shadows In The Night” no es la excepción.

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Bruce Springsteen, Frank Sinatra and Bob Dylan

Había visto “El Cardenal” hace ya muchos años, pero no recordaba el argumento. Me advirtieron de que el tema principal en la banda sonora de la película era la melodía de ese “Stay With Me” que Dylan había estrenado en su concierto de Hollywood. También me informaron de que dicha canción pertenecía a su entonces nuevo álbum, “Shadows In The Night”, algo de lo que yo no era consciente todavía. E igualmente me anunciaron que probablemente el contenido del film tenía mucho que ver con la decisión del singular intérprete de incluir ese tema en su último trabajo. Por esa razón decidí ver la película otra vez y he vuelto a verla ahora de nuevo para tenerla fresca en la memoria mientras escribo sobre esta pieza que se me antoja el alma del disco.

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La obra cinematográfica versa sobre la fe y la lealtad, no exclusivamente la fe católica, sino la fe en las propias convicciones y la fidelidad a unos principios. Se trata de una película compleja y ambiciosa sobre el poder de la iglesia y los poderes fácticos, en el aspecto socio-político. Los nacionalismos, totalitarismos, el racismo y la discriminación de cualquier índole son severamente criticados en la cinta. En el ámbito personal discurre entre la duda existencial, la reafirmación de la fe ante la flaqueza y la lealtad. Básicamente plantea el dilema de la elección entre la fe, la lealtad a unos principios, o la lealtad a las personas que confiaron en nosotros. Y es en los momentos en que esa duda surge cuando hace su aparición el tema principal en la banda sonora. La misma melodía vuelve a escucharse siempre que la lealtad a un ser humano se convierte en protagonista, ya sea referida a la amistad, la fraternidad o la vocación humanitaria.

Y efectivamente la canción se mueve entre esos dos temas, la fe y la lealtad, que en la trama aparecen vinculados entre si. Una mirada atenta a la letra de la canción revela su condición de plegaria. Las dudas ante la fe, la duda existencial, la flaqueza, dan paso al sentimiento de soledad y la debilidad y el desánimo solo conocen un consuelo: el apoyo constante y la lealtad de aquellos en quienes confiamos. Ya sea Dios u otros.

Otro factor interesante que domina la película y se vislumbra en el primer verso de la canción es la lucha interna entre la humildad y la ambición.

Tengo la firme convicción de que Bob Dylan conocía bien la película y que efectivamente la elección de “Stay With Me” estuvo condicionada por la temática del film y el uso que de la melodía se hace en la banda sonora. De ahí que la interpretación del controvertido ‘crooner’ subraye los momentos de flaqueza y no parezca buscar refugio en la fe y la confianza en el altísimo a través de la humildad y la oración, como sugiere la letra, sino que por el contrario parece confiar más en la lealtad de quienes siguen siendo sus incondicionales, a pesar de los pesares.

Es proverbial como pronuncia ese:

“And I go seeking shelter
And I cry in the wind

(Voy buscando refugio
Y exclamo al viento)”

Y como entona muy gravemente esa estrofa final:

“Though the road buckles under
Where I walk, walk alone
Till I find to my wonder
Every path leads to Thee
All that I can do is pray
Stay With Me
Stay With Me

(Aunque el camino se inclina pendiente abajo
Por donde yo camino, camino solo
Hasta que, para mi asombro, descubro
Que todos los caminos conducen a Ti
Y todo lo que puedo hacer es rezar
Quédate conmigo
Quédate conmigo”

En la película, cuando la hermana del futuro Cardenal recibe una bofetada de su madre por haber iniciado un noviazgo con un individuo de origen judío y ésta le insulta llamándole ‘guarra’, la chica corre escaleras arriba a refugiarse en su dormitorio. El hermano sacerdote sube a consolarla y le dice mientras le abraza:

“¿Recuerdas cuando eras niña y te abrazaba y te decía: ‘Abrázame fuerte y pase lo que pase agárrate a mi y no me sueltes’?”

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La música de esta balada vuelve a sonar cuando Mona, la chica, se confiesa con su hermano de haber tenido relaciones carnales con el muchacho judío. El sacerdote, basándose en su fe católica, rechaza cualquier otra opción que no sea la del arrepentimiento, conminándole a abandonar a su novio para siempre. Ofendida y traicionada cuando intentaba aferrarse a él para salvarse, Mona huye despavorida sin recibir la absolución.

Exactamente esa sensación es la que yo percibo. Eso es lo que yo creo que transmite Dylan en su versión de este tema que él, en su ronco lamento, convierte en sublime. El miedo a no ser comprendido, a sentirse rechazado, traicionado. Más que rezar, parece suplicar cuando dice: “All I can do is pray (lo único que puedo hacer es rezar)”. Y a mi me parece oírle decir: “Agárrate a mi y no me sueltes, quédate conmigo, quédate conmigo”.

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El Coleccionista Hipnótico

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