La Muerte del Rock’n’Roll

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Coincidiendo con las primeras noticias sobre el lanzamiento del nuevo álbum de Dylan, cuyo título, “Fallen Angels (Ángeles Caídos)”, resulta ya más que sugerente, el escritor Brent L. Smith publicaba el 13 de Abril un revelador artículo que he considerado digno de ser traído aquí hoy para ser analizado y comentado. Una excelente amiga que vive en California me condujo hasta él y por ello le estoy sumamente agradecido. El ensayo se refiere a la única entrevista que Dylan concedió el año pasado, aparecida en la revista bimensual de la AARP (American Association of Retired Persons – Asociación Americana de Personas Jubiladas) a raíz de la publicación de su anterior trabajo, el insólito “Shadows in The Night (Sombras en la Noche)”, que reunía 10 viejas baladas sacadas del cancionero de Frank Sinatra. El septuagenario cantautor aclaraba en dicha entrevista las razones que le llevaron a grabar esas canciones y su genuina intención al publicar un álbum de esas características en los tiempos que corren. Pero no era esa la cuestión que motivó al autor del texto al que hago referencia a tomar dicha entrevista como punto de partida de su tesis, sino las atrevidas declaraciones que el viejo y astuto trovador hacía en ella acerca de las verdaderas razones que, según él, provocaron la muerte del Rock’n’Roll. Asombrosas declaraciones que nadie pareció tomarse en serio y sin embargo el articulista en cuestión  interpretó como la “desgarradora revelación de un asesinato silencioso”. Aunque esa es una conclusión demasiado severa.

Dylan habla de la segregación comercial que sufrió el Rock cuando el movimiento a favor de los derechos civiles comenzó a cobrar fuerza. El Rock’n’Roll – dice – había sido desde sus inicios un invento Americano racialmente integrado, pura fusión inyectada a través de las ondas en los dormitorios de los adolescentes desde mediados de los 50. En el momento en que la lucha por los derechos civiles parece amenazar el orden establecido, el género resulta convenientemente dividido, por la astucia del sistema, entre música de Blancos (Invasión Británica) y música de Negros (Soul). Las declaraciones de Dylan ponen de manifiesto las razones que hicieron posible dicha segregación. Los prejuicios raciales llevan a considerar el mestizaje del Rock algo extremadamente amenazador y deciden desmantelarlo, empezando por el llamado escándalo del “Payola”. Las compañías discográficas y distribuidoras sobornaban a los DJ’s para que difundiesen determinados discos de forma sistemática, logrando así dejar fuera de las ondas toda la Música Negra, especialmente aquella que estaba lejos de su control e iba en contra de sus intereses.

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Lester Lanin durante los interrogatorios del escándalo del “Payola”

February 1, 1960                                                    Photo Credit: Ed Clark

Es evidente que las acusaciones de Dylan son irrefutables. Citando a Smith, “ese fue un momento desmoralizador en el historicismo de la música” y leyendo su artículo podemos constatar “los devastadores efectos que el gran capital puede tener cuando despliega semejante aparato en el intento de secuestrar la música para siempre”. Pero llegar a creer que verdaderamente algo asesinó al Rock es demasiado derrotista. Se ha hablado mucho sobre la muerte del Rock’n’Roll desde el advenimiento del Punk y muchos artistas, además de los Sex Pistols, han tratado el tema en sus canciones, pero aún así, todavía hoy, parece aventurado asegurar que el Rock ha muerto.

Por diversas razones que el artículo de Smith analiza en profundidad muy acertadamente el Rock es considerado depravado, escandaloso, vulgar y pernicioso dentro de la burguesía, viéndose rechazado por las buenas costumbres y perseguido por el poder establecido. El artículo de Smith indaga sobre el asunto esgrimiendo razonamientos inspirados en diversas fuentes que van desde los escritos de Norman Mailer acerca del Negro Blanco, el hipster y la inherente sexualidad del jazz a las declaraciones de Frank Sinatra y Martin Luther King Jr. en detrimento del Rock’n’Roll, pasando por las consideraciones de John Adams vertidas en una carta escrita en 1779. En la mencionada carta Adams describía la depravación del ambiente y el impacto de la música que se escuchaba en las tabernas y “public houses (casas de citas)” (también conocidas como pubs) frecuentadas por los negros, en los siguientes términos: “El delirante estruendo sería suficiente para inducir a cualquier ser humano sensato y virtuoso a abandonar tan execrable raza a su propia perdición”.

Pero, como apunta el propio Smith: “Donde unos ven depravación y vulgaridad, otros ven liberación. Donde unos oyen delirante estruendo otros escuchan música”.

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La canción de Don Mc Lean, “American Pie”, habla de la evolución del Rock’n’Roll a través de las décadas hasta 1971, comenzando por los 50 y el famoso verso “the Day the music died (el Día que murió la música)“, en clara alusión al fatídico accidente de aviación que se cobró las vidas de Buddy Holly, Ritchie Valens y J.P. “Big Bopper” Richardson en un despiadado golpe del destino. Eso ocurría en Febrero de 1959. El último año de la década resultó ser tristemente perjudicial para el Rock. Junto al fatal incidente que causó la muerte de esas tres figuras míticas, Chuck Berry era arrestado en Diciembre y procesado “por cruzar las fronteras del estado transportando a una menor con fines inmorales en flagrante violación del Acta de Mann (Mann Act)”. Aunque la primera causa fue sobreseída (ya que alegó haber sido objeto de prejuicios raciales) el juzgado decidió volver a procesar a Berry. Tras el segundo juicio fue finalmente condenado a tres años de cárcel. Todo esto, unido a los escándalos del “Payola”, la desenfrenada sexualidad inherente al Rock’n’Roll y la depravación vista en ello, provocó la estampida que dejó al Rock en manos de los blancos y lo debilitó hasta convertirlo en un lenguaje fácilmente asimilable por el sistema.

Naturalmente, tal depravación solo era vista por “aquellos que compartían el código liberal de Adams, con su sentido elitista de puritana moralidad” – como Smith define con rigurosa precisión – los mismos que “sentaron las bases de la ‘Independencia’ Americana y su consecuentemente negativo sistema de valores heredado hasta nuestros días”.

Hay que tener en cuenta que, como sugería Dylan cuando hablaba del movimiento por los derechos civiles, mencionando incluso el escándalo del “Payola”, el problema no era solo una cuestión de carácter racial o moral, sino que implicaba también intereses políticos y económicos, sin duda la verdadera preocupación de las principales compañías discográficas y distribuidoras. Smith alude a lo mismo, en un contexto político, cuando se refiere a aquellos que “sentaron las bases de la ‘Independencia’ Americana y su consecuentemente negativo sistema de valores”.

Es por esa razón que, declara Smith, “todavía existen aquellos que activamente rechazan el legado de semejante sistema de valores. Y es esta clase de rechazo, desviación, transgresión, algo que no solo yace en las raíces de lo que en realidad significa la desinhibida música Americana, sino que se ha convertido en una tradición en si mismo de la izquierda Americana”.

De todos modos, el proceso de segregación del Rock’n’Roll se logró de forma satisfactoria, como refleja Smith: “El Doo-wop fue inventado en los años 40 por una juventud negra en las esquinas de las calles, pero alcanzó las listas de éxitos a finales de los 50 cuando los Italo-Americanos lo adoptaron como suyo propio, mientras la mayoría de los intérpretes Afro-Americanos se pasaban a la música Soul”.

“Cuando el ‘Twist And Shout’ llega a América desde el otro lado del charco en 1964, el Rock’n’Roll ya había sufrido un linchamiento infernal ¿Quien – se pregunta Smith – era capaz de escuchar algo mas allá de los ineludibles aullidos de la Beatlemanía?”

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A este punto el Rock’n’Roll se ha convertido en una cosa de músicos Blancos. No se ve un solo cantante Negro, ni guitarrista, liderando una banda de Rock’n’Roll, desde que Berry fue apartado del negocio. Pero Jimi Hendrix aparece en la escena del Rock para cambiar las cosas, volviendo a lo que siempre debería haber sido, de acuerdo con la teoría de Smith. Como Dylan hizo antes, “Bringing It All Back Home (Trayendolo Todo de Vuelta a Casa)” desde las Islas Británicas, Jimi aportaría su “Experience (Experiencia)” para llevar de nuevo al Rock’n’Roll a un terreno racialmente integrado.

Eso es lo que Brent L. Smith llama el Enigma Hendrix. Según sus propias palabras, “El acompañante-en-una-banda-de-R&B-convertido-en-fascinante-rockero, Jimi Hendrix, no solo revolucionó la manera de tocar la guitarra eléctrica, sino que psicodelizó su forma en una única actuación”. El autor del referido artículo continúa proporcionándonos una bastante emocional narración de los hechos ocurridos en el Monterrey Pop Festival en 1967, cuando Jimi Hendrix asombró a la audiencia, y al mundo, incendiando su guitarra, en “uno de los momentos mas intensos de la historia de la música Americana”.

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Instantes después del acto flamígero, el joven fotógrafo Ed Caraeff “con literalmente el último disparo de su carrete, capturó una de las imágenes más icónicas del Rock. Incluso tuvo que utilizar su cámara para escudarse frente a las llamas que Hendrix invocaba con sus manos hacia las alturas”. Smith aún añade, “Era uno de esos momentos en los que aplaudir resulta casi vulgar”. Para hacernos sentir como si hubiésemos estado allí nos cuenta lo que la testigo de primera mano Michelle Philips de los Mamas And The Papas recuerda: “Yo estaba entre el público y estaba aterrada. No era el contenido sexual de su espectáculo lo que me aterraba, sino lo que hizo con su instrumento. Estaba arrojando gasolina sobre su guitarra y prendiéndole fuego. Nunca había visto nada igual en mi vida”. Entonces el joven escritor concluye: “Era algo al mismo tiempo tan sagrado y tan eléctrico; Apunta hacia lo espiritual – ¿o mas exactamente, lo esencial? – Después de todo, era la primera declaración matrimonial entre el Blues y la Psicodelia: Al Rock’n’Roll se le otorgaba un renacimiento místico”. Y llegando al extremo definitivamente religioso, Smith sacraliza el acontecimiento preguntándose, “Quemando su guitarra en efigie ¿aseguraba Hendrix la salvación del Rock en toda su pureza, para cualquiera en disposición de abrazarlo? Si los 50 fueron los días del viejo testamento del Rock ¿Era Hendrix aquí el uncido para morir por todos nuestros pecados?” Leyéndole tiene uno que reconocer la trascendencia de la actuación de Jimi Hendrix, incluso estar de acuerdo en que la influencia del guitarrista negro ha sido inconmensurable. Tenemos que admitir la fuerza devastadora y la significación de su revolucionario acto, pero yo tiendo a creer que había también mucho exhibicionismo en toda aquella parafernalia de la Jimi Hendrix Experience. De cualquier modo, fue ciertamente el gran momento, el manifiesto Rock de una vuelta a las raíces. Como el propio Smith escribe, “Lo que fuera que Hendrix fuese, él era el único intérprete capaz de reconciliar el roto, racialmente cargado y dicotomizado estado del Rock’n’Roll”.

De forma misteriosa, pero fácilmente comprensible, Smith vuelve a Dylan y escribe, “Sin olvidar que el más grandioso single de Hendrix fue la inmortal versión del ‘All Along The Watchtower’ de Bob Dylan, me gustaría regresar a la todavía leyenda viviente por derecho propio”. Y a continuación, inteligentemente afirma, “Cuando Dylan se volvió eléctrico en 1965 eso fue visto como una traición al género folk, algo que un montón de fans odiaron y por lo que le despreciaron, incluso hasta el día de hoy”. En realidad, “la transformación de trovador solitario a líder eléctrico fue, de hecho, su total reconocimiento y lealtad a la más pura música Americana. El Rock’n’Roll era una forma de arte nueva que emergía de la expansión más profunda del espíritu Americano”. Por supuesto, es verdad, y Dylan lo sabía, así que, “simplemente, hacia honor a sus raíces”.

Hay una excelente canción que una vez escribió Neil Young, titulada, “Hey Hey, My My (Out of The Blue)”, que formó parte de la banda sonora original de la película de Dennis Hopper “Out of The Blue”. El “film” retrataba a una adolescente Punk, fan de Elvis, que pensando que “es mejor arder que desvanecerse” comete suicidio después de asesinar a sus padres, en un intento de matar al Rock’n’Roll para siempre. Pero tal como la letra de Neil, en emocionante contraste con las imágenes de esa película, afirma: “El Rock’n’Roll permanecerá, hey hey, my my, el Rock’n’Roll nunca morirá”. Y esa es la única verdad.

Smith aún escribe un más que interesante epílogo en el cual describe lo que está sucediendo en los garajes e  improvisados  estudios a través del país en America – y yo añadiría, en todo el mundo. Como él dice, “Eso nos indica que a pesar de los turbulentos efectos de la expansión digital en todos los sectores de nuestra cultura en el siglo XXI, el Rock’n’Roll no solo está todavía pataleando sino que está floreciendo y lo está haciendo en la iluminada oscuridad, fuera del foco de atención de la cultura dominante”. Y si, incluso “aunque pueda ser arrebatado y comprado, apartado de la calle y desvergonzadamente adulterado en estudios corporativos otra vez ahora” lo que realmente sabemos es que la subterránea reactivación del ‘garage rock’ en la actualidad “prueba que es su espíritu lo que persiste y lo que vuelve a turbar el ‘statu quo’. Aún incita a los jóvenes de corazón a acudir a actuaciones en directo y está sacando a los adolescentes fuera de la aséptica monotonía  de los centros comerciales de los suburbios”.

Todo esto sucede, y sucederá siempre, porque, como escribió Dylan, “No se puede matar una idea”. Mientras haya alguien ahí fuera dispuesto a coger una guitarra, deseando echar el resto cantando para expresar su descontento por lo que está mal en el mundo, el Rock’n’Roll seguirá ahí, “out of the blue (caído del cielo)”… “and into the black (y en lo negro)”.

El Coleccionista Hipnótico

Bibliografía:

Brent L. Smith (13 de Abril de 2016) Like It Is: Bob Dylan Explains What Really Killed Rock’n’Roll. Consultado el 14 de Mayo de 2016 en https://medium.com/cuepoint/like-it-is-bob-dylan-explains-what-really-killed-rock-n-roll-f6a4b6587a1a#.

James Morgan, BBC News – Washington, DC (7 de Abril de 2015) What Do American Pie’s Lyrics mean? Consultado el 17 de Mayo de 2016 en http://www.bbc.com/news/magazine-32196117

history.com Staff – This Day In History (28 de Octubre de 2009) Chuck Berry Goes On Trial For The Second Time. Consultado el 17 de Mayo de 2016 en http://www.history.com/this-day-in-history/chuck-berry-goes-on-trial-for-the-second-time

Rock’n’Roll’s Death

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Coincident with the first news related to the launch of Dylan new album, whose title, “Fallen Angels”, is already more than suggestive, young writer Brent L. Smith published on April 13th a revealing article I deemed worthy of being brought here today to be analyzed and discussed. An excellent friend of mine, who lives in California, led me to that article, so I feel extremely grateful to her for that reason. The essay is referring to the only interview Bob Dylan gave last year, which appeared on the bimonthly magazine of the AARP (American Association of Retired Persons) following the publication of his previous work, the unusual “Shadows in The Night”, which brought together 10 old ballads taken from Frank Sinatra’s songbook. The septuagenarian songwriter clarified in the interview the reasons that led him to record those songs and his genuine intention to release an album like that at the present time. But that was not the issue motivating Smith to refer to the interview as a starting point for his thesis. It was actually the statements that the wily old troubadour made about the reasons that, according to him, caused Rock’n’Roll’s Death, that inspired him. Amazing statements that no one seemed to take seriously and yet the writer in question interpreted it as a “heartbreaking revelation of a silent assassination.” Though that was a too severe conclusion.

Dylan talks about the commercial segregation rock suffered when the civil rights movement was gaining momentum around 1960. From its fused inception, he says, Rock’n’Roll was a racially integrated American invention, blasted in teenage bedrooms as early as 1955. At the very moment the pro civil rights fight looked like it was threatening the establishment, Rock’n’Roll turned out to be conveniently divided, on the sly, by the system powers, between White (British Invasion) and Black (Soul) music. Dylan’s statements reveal the reasons that made possible such segregation. Racial prejudice led to consider Rock miscegenation something extremely threatening and they decided to dismantle it, starting with the “Payola” scandals. Label and distributing companies were bribing DJ’s to systematically spread certain records, so they could achive their purpose leaving Black Music out of the waves, especially the one out of their control and against their interests.

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Lester Lanin during the Payola scandal hearings

February 1, 1960                                                    Photo Credit: Ed Clark

Evidently, Dylan’s allegations are irrefutable. Quoting Smith, “that was an unnerving moment in music historicity” and, reading his article, we may be aware of “the devastating effects big money can have when attempting to hijack music’s forever unfolding;” But come to believe that anything actually killed Rock’n’Roll is too much defeatist. There has been a lot of talk about Rock’n’Roll’s death since the advent of punk and many artists, beside the Sex Pistols, have addressed the subject in their lyrics, but still being like that, at present, it sounds risky to declare with certainty that Rock is dead.

For several reasons that Smith’s article succesfully analyzes in depth, Rock is considered depraved, scandalous, vulgar and pernicious within the bourgeoisie, being rejected by the good manners and persecuted by the establishment. Smith’s paper delves on the subject wielding arguments taken from different sources going from Norman Mailer writings about the White Negro, the hispters and jazz’s inherent sexuality, to Frank Sinatra and Martin Luther King Jr.’s detrimental statements about Rock’n’Roll. It also highlights John Adams considerations expressed in a letter written in 1779. In the mentioned letter Adams described the depravation of the ambience and the sound of music heard in the taverns and public houses (aka pubs) frequented by black people in the following terms: “The delirium that rages is enough to induce every man of sense and virtue to abandon such an execrable race to their own perdition.”

But, as Smith himself pointed out: “Where some see depravity and vulgarity, others see liberation. Where some hear raging delirium, others hear music.”

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Don Mc Lean’s song, “American Pie”, talks about the evolution of Rock’n’Roll through the decades until 1971, starting with the 50’s and the line mentioning the Day the music died, in clear allusion to the fateful plane crash that took the lives of Buddy Holly, Ritchie Valens and J.P. “Big Bopper” Richardson in one merciless blow. That was in February 1959. Last year of the decade turned out to be grievously harmful to Rock. Besides the fatal incident that killed those three mythical figures, Chuck Berry was arrested in December and convicted “for transporting a minor across state lines for immoral purposes in violation of the Mann Act.” Althought his earlier conviction was thrown out of appeal (as he claimed to have been object of racial prejudices) the prosecution decided to retry Berry. After retrial he was finally condemned to a three years sentence. All of this, added to the “Payola” scandals, the unbridled sexuality inherent to Rock’n’Roll and the depravation seen within it caused the stampede that left Rock in the hands of whites and weakened it to turn it into a language easily assimilated by the system.

Of course, such depravation was only seen by “those who shared Adams’ brand of liberty, with its elitist sense of puritanical morality” – as Smith accurately defines – the same ones who “laid the foundations of American ‘Independence’ and its consequently detrimental value systems still being inherited up to this day.”

It must be noted that, as Dylan suggested when he talks about the civil rights movement, even mentioning the Payola scandals, the problem was not only about racial or moral issues, but also implying political and economical interests, actually the real concerns of the main record labels and distributing companies. Smith conveys the same, in a political context, when he refers to those who “laid the foundations of American ‘Independence’ and its consequently detrimental value systems.”

It is for that reason that, Smith declares, “still there are those that actively reject such bequeathed value systems. And it’s this kind of rejection, deviation, transgression that not only lies at the root of what uninhibited Americana is all about, but it’s become a left-handed American tradition unto itself.”

Anyway, the Rock’n’Roll segregation process was successfuly achieved, as Smith reflects: “Doo-wop was invented in the 1940’s by black youth on street corners, but it shot to the top charts in the late 50’s when Italian Americans adopted it as their own, just as most African American performers moved toward soul music.”

“When ‘Twist And Shout’ comes to America from across the pond in 1964, Rock’n’Roll had already taken one hell of bludgeoning. Who – Smith wonders – was able to hear anything over the inescapable screams of the Beatlemania?”

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At that point Rock’n’Roll has become just a White musicians thing. No one Black singer, or lead guitarist, is seen in front of a Rock’n’Roll band, since Berry was put out of business. But Jimi Hendrix appears on the rock scene to change things back to what it should have ever been, according to Smith’s theory. As Dylan did before, “Bringing It All Back Home” from the British Isles, Jimi would carry on his Experience to bring Rock’n’Roll back to a racially integrated land.

That’s what Brent L. Smith calls the Hendrix Enigma. In his own words, “R&B-sideman-turned-mesmerizing-rocker Jimi Hendrix not only revolutioned the way the electric guitar was played, but psychedelicized its form in a single performance.” The author of the referred article continues giving a quite emotional narration of the facts at the Monterey Pop Festival in 1967, when Jimi Hendrix astonished the audience, and the world, setting his guitar ablaze in “one of the most powerful moments in American music history.”

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Not long after the flaming act, young photographer Ed Caraeff “with literally the last shot of his roll of film, snapped one of Rock’s most iconic images. He even had to use his camera to shield his face from the flames Hendrix summoned higher with his fingers.” Smith still adds, “It was one of those moments when cheering is almost vulgar.” To make us feel as if we were there he tells what first hand witness Michelle Philips of The Mamas & The Papas recalls: “I was in the audience and I was appalled. It was not the sexuality of his show that appalled me. It was what he did to his instrument. Here he was throwing lighter fluid on his guitar and setting it on fire. I had never seen anything like that in life.” Then the young writer concludes: “Was it something at once so sacred and so electric, it points to the spiritual – or more accurately, the essential? – After all, it was the first declarative marriage between the Blues and Psychedelia: Rock’n’Roll was given a mystical rebirth.” And becoming definitely religious, Smith sacralizes the event asking himself, “By burning his guitar on effigy, did Hendrix ensure the salvation of unadulterated Rock for anybody willing to embrace it? If the 50’s were the old testament days of Rock, was Hendrix its anointed one here to die for all of our sins?” Reading him one must recognize the relevance of Jimi Hendrix performance, even agree the black guitarist influence has been immeasurable. We must admit the devastating force and significance of his revolutionary act, but I tend to believe there was also a lot of exhibitionism in all that Jimi Hendrix Experience paraphernalia. Anyway, it was certainly the big moment, the Rock manifesto of a return to the roots. As Smith wrote himself, “Whatever Hendrix was, he was the only performer capable of reconciling the broken racially-charged and dichotomized state of Rock’n’Roll.”

Mysteriously, but easily understandably, Smith returns to Dylan and writes, “Without forgetting that Hendrix’s biggest single was the immortal cover of Bob Dylan’s ‘All Along The Watchtower’ I’d like to get back to the still living legend in his own right.” Then he cleverly states, “When Dylan turned out electric in 1965 it was seen as a betrayal to the folk genre, something a lot of fans hated and scorned him for, even to this day.” Actually, “the move from lone troubadour to electric front man was, in fact, his total acknowledgement and loyalty to pure music Americana. Rock’n’Roll was a new art form that emerged with the deepened expansion of the American spirit.” Of course it is true, and Dylan knew that, so, “he was just honoring his roots.”

There’s an excellent song Neil Young once wrote, called “Hey Hey, My My (Out of The Blue)”, which was used as part of the original  soundtrack in Dennis Hopper movie “Out of The Blue.” The film was about a teenager Punk girl, Elvis’ fan, who thinking “it’s better to burn out than to fade away” commits suicide, after murdering her parents, in an attempt to kill Rock’n’Roll forever. But as Neil lyrics, in thrilling contrast with the images in that movie, assert: “Rock’n’Roll is here to stay, hey hey, my my, Rock’n’Roll will never die.” And that’s the only truth.

Smith still writes a quite interesting addendum in which he describes what’s happening in garage and makeshift studios across the country in America – and I might add, all over the world. As he says, “it tells us that despite the turbulent effects of the digiscape on all sectors of our culture in the 21st century, Rock’n’Roll is not only still kicking but it’s thriving and it’s doing so in the illuminated dark, out of the mainstream limelight.” And yes, even “though it may be snatched or bought off the streets and shamelessly adulterated in corporate studios now and again” what we really know is that the current garage rock revival underway “proves its spirit is what persists and what returns to haunt the status quo. It still compells the young at heart to flock to live shows and it’s pulling teenagers out of the sanitized drudgery of strip mall suburbia.”

This all happens, and always will, because, as Dylan wrote, “you can’t kill an idea.” As long as there is someone out there ready to take a guitar, wanting to sing out its heart to express its discontentment about what’s wrong in the world, Rock’n’Roll will still be there, out of the blue… and into the black.

The Hypnotist Collector

Bibliography:

L. Smith, Brent (April 13, 2016) Like It Is: Bob Dylan Explains What Really Killed Rock’n’Roll. Retrieved May 14, 2016 from https://medium.com/cuepoint/like-it-is-bob-dylan-explains-what-really-killed-rock-n-roll-f6a4b6587a1a#.

Morgan, James BBC News – Washington, DC (April 7, 2015) What Do American Pie’s Lyrics mean? Retrieved May 17, 2016 from http://www.bbc.com/news/magazine-32196117

history.com Staff – This Day In History (October 28, 2009)  Chuck Berry Goes On Trial For The Second Time. Retrieved May 17, 2016 from http://www.history.com/this-day-in-history/chuck-berry-goes-on-trial-for-the-second-time

Si La Suerte Nos Acompaña (There But For Fortune)

Vuelvo a mis orígenes tratando de narrar las experiencias y las primeras impresiones que tuve descubriendo a cantantes folk como Joan Baez, Bob Dylan, Tom Paxton, Gordon Lightfoot y Phil Ochs. No puedo recordar ahora cómo llegó a mis manos el álbum de Joan Baez titulado “Farewell Angelina”. La foto en ByN de la portada mostraba una imagen seductora de una mujer joven con una especie de expresión suplicante en su rostro y una mirada penetrante. Llevaba un impermeable de plástico, por lo que se podría deducir que la foto fue tomada en un día lluvioso (Más tarde en 2007 pude determinar que la instantánea se realizó en el Newport Folk Festival, el 24 de julio de 1965, durante el encuentro de mediodía dedicado a la Canción Contemporánea).

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Yo era sólo un niño entonces, de unos 14 años aproximadamente, pero tal vez ya consciente de las cosas que importan. No es extraño que tantas cosas en el mencionado álbum llamasen mi atención. La primera cuestión intrigante que percibí era que cuatro de las más bellas canciones del disco se atribuían al mismo autor, un tal B. Dylan. Por supuesto que nunca había oído hablar de él antes y tenía curiosidad por saber quién podría ser y que más había hecho hasta entonces. Pensaba que era un compositor de edad, un cantante popular tradicional de los años 30. Me sorprendió que sólo fuese un joven de alrededor de 20 años cuando “The Freewheelin’ Bob Dylan” llegó a mis manos algo más tarde. Pronto llegué a interesarme más en este tipo de música, buscando todo lo relacionado con Joan Baez y los artistas mencionados en la contraportada de ese álbum. El siguiente paso fue adquirir otro LP de la llamada ‘Reina del Folk’. El disco era una publicación de Hispavox titulada “Lo Mejor de Joan Baez (Best of Joan Baez)” que incluía “It Ain’t Me Babe”, una canción más compuesta por Bob Dylan. Las notas de contraportada de Langstone Hughes se refieren al mencionado compositor como uno de los trovadores contemporáneos de mayor talento. Sin embargo, lo más interesante acerca de este álbum, la experiencia acústica más reveladora a lo largo de todo el LP, fue el descubrimiento de una nueva canción de otro artista desconocido, anotado como P. Ochs en la contraportada. Era la primera pista de la cara B y era tan bella que uno no podía evitar detener el tocadiscos una vez acabada, tratar de depositar la aguja una vez más en el microsurco al principio de la primera pista y escucharla de nuevo una y otra vez. El nombre de la canción era “There But For Fortune (Si La Suerte Nos Acompaña)”. Las notas de contraportada, curiosamente, ni siquiera mencionaban esa canción, ni el origen, ni tampoco nada sobre el compositor.

Un día, uno de mis mejores amigos vino a decirme que tenía invitaciones para asistir en directo a la emisión de ‘”Caravana” de Ángel Álvarez’, el famoso programa de radio de uno de los mejores DJ’s en España, probablemente el mejor de su tiempo. Mi amigo tenía sólo 3 entradas gratis por lo que sólo 3 de nosotros entre los compañeros habituales, incluido él mismo, tuvimos la oportunidad y la inclinación de asistir al programa en los estudios de la cadena SER. Así que acordamos la cita para el día en cuestión y quedamos lo antes posible aquella mañana para no perdernos el espectáculo. Fue una mañana llena de acontecimientos. Ángel Álvarez, cuya profesión verdadera era la de operador de radio en los vuelos de Iberia, aprovechaba sus viajes a Nueva York, para traernos esas magníficas joyas musicales, nuevos sonidos que hicieron que el país despertase y cambiase el ritmo de nuestra nación. Nos sentamos en una de las primeras filas. El espectáculo comenzó y allí estaba él, con un LP en sus manos y una voz suave y profunda, como algodón de azúcar en día de tormenta, anunciando que iba a poner para nosotros, por primera vez en nuestro país, una única pista de un destacable álbum de Phil Ochs, el insigne cantante folk asociado al panorama musical en el Greenwich Village. Se advirtió a los asistentes que muchos de nosotros entre el público ya conoceríamos la canción en la versión de Joan Baez, pero la intensa versión interpretada por el propio compositor probablemente resultaría impactante incluso para aquellos oyentes que ya la conociesen previamente en la voz de Joan Baez. Puso con cuidado el disco en el plato giratorio y dejó caer la aguja sobre el surco. Escucharlo fue una revelación. Tuvimos la sensación de que algo estaba pasando y como almas recién nacidas nos sentimos conmovidos por la profundidad de la interpretación de Ochs. La pieza tenía un significado emocional para mis amigos y para mí y creaba un lazo de simpatía entre nosotros y el hombre que la escribió, el mismo tipo lleno de sentimiento que cantaba para nosotros a través de los altavoces del equipo de radio.

Nuestros primeros pensamientos, en el mismísimo momento en que la voz de Ochs comenzó a envolvernos, fueron acerca del privilegio de estar allí, ser los elegidos a los que se les permitía escuchar semejante gema, y, de inmediato, lo siguiente fue pensar en qué otra cosa podríamos descubrir sobre él.

Era difícil en aquél tiempo encontrar información sobre cantantes protesta o artistas que luchaban a favor de los derechos civiles, pero nos las arreglamos para conseguir aprender algo sobre el trabajo de Phil Ochs y los hechos con él relacionados.

Solía moverse entre la misma gente que Bob Dylan frecuentaba entonces, actuando ambos en el Village, en locales como el Gerde’s Folk City, el Gaslight y otros clubs de la misma zona. Pronto se convirtieron en buenos amigos, a pesar de que más tarde también tuvieron algún malentendido, con algún desagradable incidente, y decepciones mutuas en ocasiones. Incluso sentían una cierta rivalidad. Se ha dicho que en un momento Phil Ochs podría haberse sentido molesto por el éxito y la fortuna que Dylan y otros habían obtenido. Ahora tenemos razones para creer que era un ser con el alma herida, dividido entre la honestidad, la devoción por la verdad o por cualquier causa altruista y la avidez por la fama y el reconocimiento.

De todos modos, las comparaciones entre ellos eran inevitables en la década de los 60. Incluso si Phil Ochs en ocasiones podría resultar en desventaja en ese enfrentamiento, el hecho es que en realidad era la verdadera voz de la protesta de una generación joven. Mientras Bob Dylan era un poeta capaz de abrir nuestras mentes a un mundo diferente, mirándolo con ojos nuevos para encontrar una verdad filosófica, Phil Ochs era más un periodista, pero uno que nos proporcionaría la consciencia del devenir de los acontecimientos con una rabia, una voluntad y una pasión urgentes. En realidad, Ochs era también un juglar. Su obra esclarece lo que está mal en el mundo y la forma en que nosotros podríamos contribuir a hacerlo mejor.

Por lo que sabemos el cantante / compositor de El Paso fue un letrista de talento con un sardónico sentido del humor y una insistente voz deseando ser escuchada, como Jac Holzman, fundador de Elektra Records, dijo una vez. Las principales virtudes de Ochs como intérprete eran un fantástico sentido del ritmo, un vibrante “picking” de guitarra  y una potente voz de timbre diáfano especialmente inquietante. Su profunda pasión que él canalizaba a través de la pulcritud, el ingenio y la convicción, siempre podía trascender sus habilidades técnicas y vocales, sin embargo.

La publicación de “Another Side Of Bob Dylan” significó un paso adelante en una dirección diferente para el músico de Minnesota. Dylan deja de lado sus convicciones respecto a la lucha por los derechos civiles y se vuelve más íntimo, surrealista y preocupado por los problemas del alma. Phil Ochs, en cambio, se mantiene fiel a sus creencias, la defensa de sus ideales, convirtiéndose en la voz de los oprimidos. El asesinato de tres trabajadores implicados en la lucha por  los derechos civiles en 1964 inspiró una de las más airadas baladas de Phil Ochs, “Here’s To the State of Mississippi”. A medida que la guerra de Vietnam hacía estragos se dedicó ardientemente a su activismo político, escribiendo himnos generacionales como “I’m Not Marching Anymore” y protestando y liderando a las masas en manifestaciones contra la guerra.

También tenía un agudo instinto musical para crear baladas introspectivas que ya forman parte de nuestra memoria colectiva, sobre todo la muy elogiada “Changes”, y la inquietante “When I’m Gone”, que, lejos de establecer sus últimas voluntades, mantenía el compromiso de aprovechar el tiempo que le quedaba, como si ya supiese que no iba a durar mucho. Pero las cosas cambiaron de repente. La decisión de Dylan de consagrarse al rock electrificado y el éxito de la Psicodelia liderada por los Beatles probablemente causaron algún impacto negativo en él. Sea lo que fuese lo que pasó, parece que había llegado a un punto de inflexión. Tal vez estaba desilusionado a causa de la falta de un gran éxito; Un éxito que se le negaba a él y que otros cantantes de su generación estaban disfrutando. Sus nuevos lanzamientos incluían composiciones de una gran belleza lírica, como “The Flower Lady” y la melancólica “The Pleasures of the Harbor”, según los informes, inspirada en la película de John Wayne “The Long Voyage Home”, pero los arreglos excesivamente orquestados eran descoloridos y resultaron obsoletos.

Años después del descubrimiento por nuestra parte de su arte interpretativo, uno de mis hermanos compró en los EE.UU. un álbum de Ochs titulado “Rehearsals For Retirement”, que me encantó desde el principio, especialmente la canción que daba título al disco. Esa pista en concreto contenía una sincera declaración de intenciones, un manifiesto contra la sociedad de consumo con la voluntad de dejar este mundo en el que alguien como él parecía no encajar. No sé por qué pensé que el álbum era una edición póstuma, publicada después de su muerte. Tal vez me llevó a engaño la tumba de Phil Ochs retratada en la portada. Mi confusión se vio reforzada por el réquiem del tema que da título al álbum, una conmovedora melodía de letra pesimista acerca del final que se avecina. Sin embargo, el “cantante de actualidad”, como le gustaba llamarse a sí mismo, murió por su propia mano en 1976, aunque el LP fue lanzado en 1969. Parece que la razón por la cual eligió esta cubierta fue su decepción debido a los acontecimientos que tuvieron lugar en el “Festival of Life” de los Yippies, una de las muchas manifestaciones celebradas al margen de la convención demócrata, en la que él era uno de los organizadores. Eso ocurrió en Chicago en 1968. Quedó atrapado en medio del rifi-rafe en el enfrentamiento entre manifestantes pacíficos y la desproporcionada carga de una brigada de la policía, un choque que derivó en un gran lío de abundantes balas, gases lacrimógenos y porrazos. Muchas personas fueron detenidas, Phil Ochs entre ellos. Para alguien tan sensible como Phil aquello supuso una experiencia devastadora que le llevó a utilizar en la portada de su siguiente disco la imagen de una lápida grabada con su nombre dando testimonio de su muerte ocurrida en Chicago en 1968.

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Phil Ochs

Conmocionado por los asesinatos de Martin Luther King, Jr. y Robert F. Kennedy, sumados a la barbarie de la policía antidisturbios, entró en una depresión aguda y se vio progresivamente afectado por un trastorno bipolar, agravado por un severo caso de alcoholismo. También su implicación política y su amargura existencial le causaron graves problemas, siendo detenido en Uruguay en una convención política en 1971 y nuevamente en Argentina. De gira por América del Sur conoció al cantante chileno Víctor Jara y se hicieron buenos amigos.

El golpe militar de Pinochet derrocó a Allende en 1973. Con el presidente Allende ya muerto, Jara, junto con miles de otras víctimas sospechosas de activismo, fue llevado a un inmenso estadio donde permaneció detenido y torturado durante 4 días. Lo mantuvieron en un pasillo en el sótano bajo estrecha vigilancia. Al quinto día fue conducido de nuevo arriba hasta el estadio, donde los soldados le golpearon brutalmente y destrozaron sus manos con las culatas de los fusiles. Los guardias golpistas se burlaban de él diciéndole “¡Canta ahora, si puedes!”. Entonces se le ordenó cantar. Jara se puso en pie con las manos ensangrentadas y condujo a otros miles de prisioneros a cantar con él el himno del partido de la Unidad Popular de Allende. Luego lo acribillaron en los pasillos del subterráneo, junto con el director de la Compañía de Ferrocarriles del Estado. Su cuerpo fue arrojado a unos arbustos cerca del Cementerio Metropolitano y encontrado 3 días más tarde con 44 incrustaciones de bala. Las noticias partieron el corazón de Ochs y nublaron su mente. Se volvió loco, pero todavía fue capaz de recuperar parcialmente la voluntad y puso su alma y su entendimiento al servicio de otra noble causa organizando “Una noche con Salvador Allende”, un acontecimiento que reunía a un grupo de artistas autodenominados Amigos de Chile en la celebración de un singular Concierto Benéfico. Invitó a Bob Dylan a tomar parte en el evento, que tuvo lugar en el Felt Forum de Nueva York. Aunque ambos estaban tan borrachos durante el espectáculo que apenas podían cantar a veces, el concierto fué todo un éxito gracias a la participación de Dylan. De hecho, también fue la primera vez que la gente anunciaba públicamente que la CIA había estado probablemente detrás del golpe militar en Chile, planificado y financiado por el gobierno de Nixon.

Bob Dylan and Phil Ochs May 9, 1974 Friends of Chile Benefit New York

Phil Ochs & Bob Dylan at Friends of Chile Benefit Concert May 9th, 1974

Por desgracia, durante su visita a África en 1973, fue agredido por un ladrón, que lo estranguló dañando sus cuerdas vocales.

Todavía ofreció un par de conciertos más, sin embargo, e incluso llegó a formar parte de la Rolling Thunder Revue de Bob Dylan por un breve período de tiempo. Según se afirma, fue filmado interpretando cuatro canciones para “Renaldo y Clara”; Un metraje que nunca llegó a ser utilizado en el montaje final de la película de Dylan.

Al volver a casa su comportamiento se volvió cada vez más errático. Alarmaba a los amigos con delirios paranoides acerca de complots de la CIA contra él [Aunque en eso no iba totalmente descaminado, ya que más tarde fueron encontradas grabaciones realizadas por el FBI como parte del expediente de investigación correspondiente]. Hubo incluso un momento en que llegó a desvariar hasta el punto de inventarse una identidad alternativa, haciéndose llamar por otro nombre durante meses. Durante ese tiempo vivía en la calle, diciendo que había matado a Phil Ochs y había suplantado su identidad.

Al final, en 1976, lo hizo: Mató a Phil Ochs. Se ahorcó con un cinturón en la casa de su hermana en Far Rockaway, Queens, en Nueva York. Tal vez nunca llegó a ver esa “tierra joven con tantas razones para…”, pero fue capaz de mostrarnos un país destrozado por las bombas y las ruinas de los edificios una vez tan altos; Y de sembrar en nosotros la esperanza de que un día esa tierra joven, donde podríamos vivir en paz, se nos mostraría a los mortales que miramos al mundo con ojos limpios… Allí, si la suerte nos acompaña, tal vez vayamos, tú o yo.

El Coleccionista Hipnótico

Bibliografía:

Mirriam-Goldberg, Caryn (7 de Febrero de 2016) In Praise of Phil Ochs: Everyday Magic, Day 887. Consultado el 7 de Abril de 2016 en https://carynmirriamgoldberg.com/2016/02/07/in-praise-of-phil-ochs-everyday-magic-day-887/

Goldberg, J.J. (10 de April de 2016) Remembering Phil Ochs, the Other Great Jewish Folksinger of the ’60s. Consultado el 13 de Abril de 2016 en http://forward.com/opinion/338253/remembering-phil-ochs-the-other-great-jewish-folksinger-of-the-60s/

Eder, Bruce (Abril de 2016) Phil Ochs. Artist Biography by Bruce Eder. Consultado el 19 de Abril de 2016 en http://www.allmusic.com/artist/phil-ochs-mn0000333634/biography

Wikipedia (última modificación el 13 de Abril de 2016) Víctor Jara. Consultado el 19 de Abril de 2016 en https://es.wikipedia.org/wiki/V%C3%ADctor_Jara

Délano, Manuel (6 de Diciembre de 2009) La Muerte Lenta De Víctor Jara. Consultado el 20 de Abril de 2016 en http://cultura.elpais.com/cultura/2009/12/05/actualidad/1259967604_850215.html

There But for Fortune

I’m returning to my origins trying to tell the experiences and first impressions I had discovering Folk Singers such as Joan Baez, Bob Dylan, Tom Paxton, Gordon Lightfoot  and Phil Ochs. I can’t remember now how I came to get in my hands Joan Baez album titled “Farewell Angelina.”  The B&W picture on the cover was showing a seductive image of a young woman with a sort of pleading expression in her face and insightful sight. She was wearing a plastic raincoat, so one might deduce the photo was taken on a rainy day (Later in 2007 I came to determine the shot took place at Newport Folk Festival on 24th July 1965, Contemporary Songs Afternoon Workshop.)

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I was just a kid back then, most likely around 14, but maybe already aware of things that matter. No wonder so many things on the mentioned album called my attention. First intriguing subject I noticed was that four of the most beautiful songs on it were attributed to the same author, a certain B. Dylan. Of course I had never heard of him before and I was curious to know who he could be and what more he had ever done. I was thinking he was an old songwriter, a traditional folk singer from the 30’s. I was surprised he was just a youngman of around 20 when “The Freewheelin’ Bob Dylan” came to my hands just a little bit later. I soon became highly interested in such kind of music, searching for everything related to Joan Baez and the artists mentioned on the back cover of that album. Next step was acquiring another LP of the so called ‘Queen Of Folk Music’. The recording was an Hispavox release titled “Lo Mejor de Joan Baez (Best of Joan Baez)” including “It Ain’t Me Babe,” one more song composed by Bob Dylan. Langstone Hughes liner notes refers to the mentioned songwriter as one of the most talented contemporary troubadours. However, the very exciting thing about this album, the most revealing listening experience through the whole LP, was the discovering of a new tune by another unknown artist, written down as P. Ochs on the back cover. It was first track of the B side and it was so beautiful you couldn’t help but stop the record player once done, try and put the needle down in the groove back to the beginning of the first track and listen to it over and over. The name of the song was “There But For Fortune”. The liner notes, oddly, did not even mention that song, nor the origin, neither anything about the composer.

One day one of my best friends came to me telling he had invitations to attend live ‘”Caravana” de Angel Álvarez’, a famous radio show by one of the best DJ’s ever in Spain, most likely the best of his time. My friend had only 3 free tickets so only 3 of us among the usual mates, including himself, had the chance and inclination to attend the program at the Radio SER network studios. So we made the appointment for the day at issue and we met earlier that morning not to miss the show. That was an eventful morning. Angel Alvarez, whose true profession was that of a radio operator on Iberia flights, took advantage of his trips to New York to bring us those magnificent musical jewels, new sounds that made the country wake up and change the pace of our nation. We sat on one of the first few rows. The show began and there he was, with a Long Play on his hands and a gentle deep voice like cotton candy on stormy weather, announcing that he was going to play for us, for the first time in our country, just one track of a remarkable album by Phil Ochs, the outstanding folk singer of the Greenwich Village scene. He warned the attendees that many of us among the audience would already know Joan Baez’s cover of the song, but the heartfelt version by the composer himself would most likely become poignant even for those listeners who knew it first in Joan Baez’s voice. He carefully put the disc on the turntable and dropped the needle on the groove. Listening to it was a revelation. We had a feeling that something was happening and just like new born souls felt touched by the depth of Ochs’ performance. The piece had an emotional meaning for us and it was creating a bond of sympathy between us and the man who wrote it, the same soulful guy who was singing for us through the speakers of the radio set.

Our first thoughts, at the very moment Ochs’s voice was surrounding us, were about the privilege to be there, being the chosen ones allowed to listen to such a gem, and, immediately, about what else we could discover about him.

It was difficult at the time to find information on protest singers or artists fighting pro civil rights, but we managed to get some knowledge regarding Phil Ochs works and facts.

He used to be among the crowd Bob Dylan was in, both of them performing in the Village at Gerde’s Folk City, Gaslight and other clubs in the same area. They soon became good friends, though they later had also some pronounced misunderstanding and disappointments at times. They even felt a certain rivalry. It’s been said that at one point Phil Ochs could have felt peeved by the success and fortune Dylan and others had gained. We have now reasons to believe he was a wounded soul divided between honesty, devotion for the truth or any altruistic cause and eagerness for fame and recognition.

Anyway, the comparisons between them were unavoidable in the early 60’s. Even if Phil Ochs might sometimes turn out disadvantaged in that confrontation, the fact is that he was actually the true voice of a young generation’s protest. While Bob Dylan was a poet able to open our minds to a different world, looking at it with new eyes to find a philosophical truth, Phil Ochs was more a journalist, but one who would provide us awareness of the events with an angry, driving, urgent passion. Actually, Ochs was also a minstrel. His work sheds light on what is wrong in the world and how we could help make it right.

For what we know the singer/songwriter from El Paso was a talented lyricist with sardonic sense of humor and an insisting voice wanting to be heard, as Jac Holzman, founder of Elektra Records, said. Ochs main virtues as a performer were a fantastic sense of rhythm, vibrant guitar picking and a especially haunting diaphanous ringing voice. His deep passion that he would drive through neatness, wit and conviction, could always transcend his technical and vocal skills, though.

“Another Side Of Bob Dylan” release meant a step in a different direction for the musician from Minnesota. Dylan leaves his convictions regarding the fight for the civil rights and becomes more intimate, surrealistic and concerned about soul’s issues. Phil Ochs, instead, remains faithful to his beliefs, defending his ideals, becoming the voice of the oppressed ones. The assassination of three civil right workers in 1964 inspired one of Phil Ochs’ angriest ballads, “Here’s To the State of Mississippi.” As the Vietnam War raged he dedicated himself fierily to his political activism, writing generational anthems like “I Ain’t Marching Anymore,” protesting and leading the crowd in demonstrations against the war.

He had also a keen musical instinct to create insightful ballads that have already become part of our collective memory, mainly the widely praised “Changes,” and the haunting “When I’m Gone,” which, far from setting down his last will, meant a commitment to take advantage of the time left for him, as if he already knew he wouldn’t last long. But things changed all of a sudden. Dylan’s move to electrified rock and The Beatles psychedelic success likely made some negative impact on him. Whatever happened, looks like he had come to a turning point. Maybe he was disillusioned because of his lack of a big hit, a success which was denied for him that other singers of his generation were enjoying. His new releases included compositions of outstanding lyrical beauty, such as “The Flower Lady” and the melancholy “Pleasures of The Harbor,” reportedly inspired by John Wayne’s movie, “The Long Voyage Home,” but the overly orchestrated arrangements were bleak and turned out outdated.

Years later of our discovering of his performing art, one of my brothers bought in the USA an album by Ochs titled “Rehearsals For Retirement”, which I loved from the beginning, especially the title song. That particular track contained a heartfelt statement of intents, a manifesto against the consumer society with the will to leave this world in which someone like him did not seem to fit. I don’t know why I thought the album was a posthumous release, published after his death. Maybe I was misled by Phil Ochs graveyard portrayed in the front cover. My mistaken idea was also reinforced by the requiem of the title song, a stirring melody with pessimistic lyrics about the end that’s looming. However, the “topical singer,” as he liked to call himself, died by his hand in 1976, though the LP was released in 1969. Looks like the reason why for this cover was his deception because of the events at the Yippies’ “Festival of Life,” one of the many demonstrations outside the Democratic convention, in which he was one of the organizers. It happened in Chicago in 1968. He was caught in the standoff between peaceful protesters and the boundless charge of a police brigade, a clash that resulted in a huge mess of lavish bullets, teargas and beatings. Many people were arrested, including Phil Ochs. For someone as sensitive as Phil was that was a devastating experience leading him to use on the cover of his next album a picture of a gravestone engraved with his name professing his death happening in Chicago in 1968.

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Phil Ochs

After the assassinations of Martin Luther King, Jr. and Robert F. Kennedy, added to the debacle of the police riot, he became depressed and progressively affected by bipolar disorder, compounded by a severe case of alcoholism. Also his political involvement and existential bitterness caused him serious troubles, being arrested In Uruguay at a political rally in 1971 and again in Argentina. While touring South America he met Chilean singer Victor Jara and they became good buddies.

Pinochet’s military coup forced Allende from power in 1973. With president Allende already dead, Jara, along with thousands of other victims suspicious of activism, was brought to a giant stadium where he remained arrested and tortured for 4 days. They kept him on a corridor in the basement under close surveillance. On the 5th day, brought up to the stadium, soldiers beat him brutally and trashed his hands with rifle butts. The putschists guards mocked him telling “Sing now, if you can!” Then he was ordered to sing. Jara stood up with bloodied hands and led thousands of other prisoners in singing the anthem of Allende’s unity party. Then they peppered him down in the basement corridors, along with the director of the State Railway Company. His body was thrown into some bushes near the Metropolitan Cemetery and found 3 days later with 44 bullets on it. News broke Ochs’s heart and clouded his mind. He went nuts, but still was able to regain some willingness and put his soul and understanding to serve another noble cause organizing “An Evening with Salvador Allende,” a Friends of Chile Benefit Concert. He invited Bob Dylan to take part of the event, performing at the Felt Forum in New York. While they were so drunk during the show that they could hardly sing at times, the benefit became a complete success, thanks to Dylan’s involvement. In fact it was also the first time people publicly announced that the CIA was likely behind the Chilean coup, planned and financed by the Nixon administration.

Bob Dylan and Phil Ochs May 9, 1974 Friends of Chile Benefit New York

Phil Ochs & Bob Dylan at Friends of Chile Benefit Concert May 9th, 1974

Unfortunately, while visiting Africa in 1973, he was assaulted by a thief, who strangled him damaging his vocal cords.

He still played a few shows yet, even became part of Bob Dylan’s Rolling Thunder Revue for a short time. Reportedly, he was filmed doing four songs for “Renaldo and Clara” that were never used in the final cut of Dylan’s film.

Returning home his behavior became increasingly erratic. He alarmed friends with paranoid delusions about CIA plots against him [Although that certainly was not going totally misguided, since recordings of his made by the FBI as part of the corresponding investigation file were found later.] There was even a time when his rant came to the point that he invented an alternative identity, calling himself by another name for months. During that time he used to live out on the street, saying he had killed Phil Ochs and had impersonated his identity.

Finally, in 1976, he did it: he killed Phil Ochs. He hanged himself up with a belt in his sister’s house in Far Rockaway, Queens, in New York City. Perhaps he never got to see that “young land with so many reasons why”, but he was able to show us a country ravaged by bombs and ruins of buildings once so tall; And he sowed in us the hope that one day a young land, where we could live in peace, would be shown to us mortals who look at the world with clean eyes… there but for fortune, may go you or I.

The Hypnotist Collector

Bibliography:

Mirriam-Goldberg, Caryn (February 7, 2016) In Praise of Phil Ochs: Everyday Magic, Day 887. Retrieved April 7, 2016 from  https://carynmirriamgoldberg.com/2016/02/07/in-praise-of-phil-ochs-everyday-magic-day-887/

Goldberg, J.J. (April 10, 2016) Remembering Phil Ochs, the Other Great Jewish Folksinger of the ’60s. Retrieved April 13, 2016 from http://forward.com/opinion/338253/remembering-phil-ochs-the-other-great-jewish-folksinger-of-the-60s/

Eder, Bruce (April 2016) Phil Ochs. Artist Biography by Bruce Eder. Retrieved April 19, 2016 from http://www.allmusic.com/artist/phil-ochs-mn0000333634/biography

Wikipedia (last modified April 13, 2016) Víctor Jara.  Retrieved April 19, 2016 from https://es.wikipedia.org/wiki/V%C3%ADctor_Jara

Délano, Manuel (December 6, 2009) La Muerte Lenta De Victor Jara. Retrieved April 20, 2016 from http://cultura.elpais.com/cultura/2009/12/05/actualidad/1259967604_850215.html

Top Ten Songwriters of The English World

By santisstar created 11 Jul 2013 | last updated – 09 Aug 2013 (taken from IMDb)

1. Bob Dylan

Robert Allen Zimmerman was born 24 May 1941 in Duluth, Minnesota; his father Abe worked for the Standard Oil Co. Six years later the family moved to Hibbing, often the coldest place in the US, where he taught himself piano and guitar and formed several high school rock bands. In 1959 he entered the University of Minnesota and began performing as Bob Dylan at clubs in Minneapolis and St. Paul…

2. Paul Simon

Born on October 13, 1941 in Newark New Jersey, Paul Simon is one of the greatest singer/songwriters ever. In 1957, he and high school pal, Art Garfunkel, wrote and recorded the single, “Hey Schoolgirl”, under the name “Tom and Jerry”. After some failures, they broke up. Simon still wrote and recorded music as “Tico and The Triumps” and “Jerry Landis”…

3. Leonard Cohen

Leonard Norman Cohen, (born 21 September 1934) is a Canadian singer, songwriter, poet and novelist. His work has explored religion, politics, isolation, sexuality, and personal relationships. Cohen has been inducted into both the Canadian Music Hall of Fame and the Canadian Songwriters Hall of Fame as well as the American Rock and Roll Hall of Fame. Second only to Bob Dylan (and perhaps Paul Simon) [in terms of influence], he commands the attention of critics and younger musicians more firmly than any other musical figure from the 1960s who is still working at the outset of the 21st century.

4. John Lennon

John Winston (later Ono) Lennon was born on October 9, 1940, in Liverpool, England, to Julia (Stanley) and Alfred Lennon, a merchant seaman. He was of Irish, and some Welsh and English, ancestry. In the mid-1950s, he formed his first band, The Quarrymen (after Quarry Bank High School, which he attended) who, with the addition of Paul McCartney and George Harrison, later became The Beatles…

5. Paul McCartney

Sir Paul McCartney is a key figure in contemporary culture as a singer, composer, poet, writer, artist, humanitarian, entrepreneur, and holder of more than 3 thousand copyrights. He is in the “Guinness Book of World Records” for most records sold, most ‪#‎1s‬ (shared), most covered song, “Yesterday,” largest paid audience for a solo concert (350,000+ people…

6. Phil Ochs

Philip David “Phil” Ochs (December 19, 1940 – April 9, 1976) was an American protest singer (or, as he preferred, a topical singer) and songwriter who was known for his sharp wit, sardonic humor, earnest humanism, political activism, insightful and alliterative lyrics, and distinctive voice. He wrote hundreds of songs and released eight albums. After years of prolific writing in the 1960s, Ochs’s mental stability declined in the 1970s. He eventually succumbed to a number of problems including bipolar disorder and alcoholism, and took his own life in 1976.

7. Joni Mitchell

Joni Mitchell is one of the most highly regarded and influential songwriters of the 20th century. Her melodious tunes support her poetic and often very personal lyrics to make her one of the most authentic artists of her time. As a performer she is widely hailed for her unique style of playing guitar…

8. Kurt Cobain

Kurt Cobain was born on February 20 1967, in Aberdeen, Washington. Kurt and his family lived in Hoquiam for the first few months of his life then later moved back to Aberdeen, where he had a happy childhood until his parents divorced. The divorce left Kurt’s outlook on the world forever scarred. He became withdrawn and anti-social…

9. Lou Reed

He formed the group The Velvet Underground with Welsh multi-instrumentalist John Cale, second guitarist Sterling Morrison, and drummer Maureen Tucker in New York in 1965. The group soon became a part of Andy Warhol’s Factory scene, which housed a great number of the most freaked and experimental artists at the time…

10. Jim Morrison

Jim Morrison was born on December 8, 1943 in Melbourne, Florida, to Clara Virginia (Clarke) and George Stephen Morrison, a U.S. Naval Officer who fought in World War II. Jim eventually became so estranged from his parents that he would later claim that they were dead. Not much is known about his early years…

Coleccionando a Bob Dylan (La Cripta Del Chamán)

Traigo aquí, como introducción, el primer artículo que escribí para la revista monográfica Desolation Post, consagrada a Bob Dylan (Nº4, Febrero 2007):

La Cripta del Chamán

Iniciamos aquí esta sección dedicada a fomentar el coleccionismo e informar de las fuentes, antecedentes y medios para lograr una primera selección de grabaciones imprescindibles y orientar a los aficionados sobre cómo, dónde y qué buscar para ampliar sus colecciones o iniciarse en este mundo plagado de archivos, cifras y códigos, en el que se encuentran las esencias, o al menos porciones sustanciosas, de aquello que aún permanece oculto en la cripta del Chamán.

Cuando uno termina por admirar sin reservas la figura y el trabajo de alguien tan lúcido, inclasificable y enigmático como Bob Dylan, no puede evitar intentar acaparar toda su obra, o al menos aquella que ya ha sido editada oficialmente. Pero si un día alcanzas a juntar toda su discografía oficial (difícilmente toda, pero sí la aún catalogada y todavía disponible) y tienes la fortuna de entender el arte del judío en directo y disfrutar de su talento para recrear cada noche sobre el escenario su propio mundo y el de sus viejas, nuevas y no tan nuevas canciones, sin duda te verás abocado a intentar descifrar algo de ese mundo y coleccionar todos y cada uno de los conciertos que el juglar de Minnesota ha ido ofreciendo a lo largo de su carrera, descubrir cada día una nueva versión o hallar una interpretación sublime que colme tu necesidad de emociones. Un solo de armónica, un único y singular fraseo, un riff de guitarra, unos cuantos y arrebatadores acordes, cualquier cosa que llene el vacío que deja en el alma la ausencia prolongada de un Dylan nuevo y misterioso, un tan imitado como inimitable creador con el imprevisible don de aunar la belleza desnuda, e indómita, y la furia de la razón, en medio de la locura, porque uno ha llegado a entender al fin que sus canciones, así como cada una de sus interpretaciones, no son sino mapas de carretera para el alma, torrentes de emociones de una riqueza tal que te mueve a reconsiderar tu propio sentido de la percepción y te anima a buscar, poseer y completar todo lo que dejó tras de sí y lo que está por llegar, porque no basta con alguna, unas cuantas, muchas, las más logradas o las menos conocidas versiones, uno acaba necesitando todas para intentar abarcar al genio.

Dicen de Bob que cuenta con varias cámaras acorazadas donde conserva todo el material que su gente ha ido grabando durante toda su trayectoria artística. Miles y miles de kilómetros de cinta con cantidad de material obtenido de los conciertos que ha celebrado hasta la fecha ¿Será cierto? Si así fuera, ese sería el sueño de todo coleccionista dedicado a su obra, conseguir todas aquellas grabaciones y guardarlas en su propia cripta para escucharlas en la intimidad, conservándolas como oro en paño entre los muros de su templo privado. Pero si no dudo que el propio Dylan debe tener buena parte de su mejor obra en vivo grabada por sus acólitos y mantenida a buen recaudo, lo que ya me parece menos verosímil es que el alcance de ese material llegue a cubrir todos y cada uno de los conciertos que a lo largo de la historia ha dado el de Duluth. Sin embargo existen grabaciones realizadas desde la audiencia de gran parte de su obra en los escenarios, prácticamente toda desde el 1974 en adelante, material más que suficiente de los 60, principalmente del 63 al 66, y un gran número de grabaciones tomadas de la mesa de mezclas (Soundboard). Todas esas grabaciones, tanto realizadas desde la audiencia, como extraídas de la mesa de sonido, serán el objetivo de nuestro estudio y nuestros anhelos.

Para empezar con una o varias listas de los imprescindibles, como la mayoría de vosotros ya sabréis, basta con tener acceso a internet y obtener la lista de los “must have” (los que hay que poseer) de la ya famosa página de Craig Pinkerton donde se hace recuento de aquellas ediciones extraoficiales que contienen las más impresionantes grabaciones y remasterizaciones de los conciertos legendarios o las interpretaciones más destacables del judío errante. Otra de estas listas a considerar es la muy recomendable de John Howell que enumera aquellos conciertos de los que existe una grabación decente, o hasta excelente en muchos casos, que desde un punto de vista personal y subjetivo merecen ser escuchados al menos una vez por todo buen aficionado; También interesantes las recomendaciones de Paul Williams y Clinton Heylin, por supuesto. La documentación más exhaustiva y generalmente fiable acerca de los conciertos, actuaciones y sesiones de grabación celebradas por la figura más influyente del  rock se encuentra en los archivos de Olof Björner, que la gran mayoría ya conoceréis. Grandes coleccionistas que son y han sido de la ingente y asombrosa obra en directo del amigo Zimmerman cito aquí a continuación como fuente de información, origen y actual documentación de una gran parte de la obra grabada durante el último cuarto del siglo pasado y los años previos. Se trata de figuras tan relevantes para el estudio, recopilación, documentación y valoración del legado interpretativo de la pequeña gran maravilla blanca, como Les Kokay, Michael Krogsgaard, Glen Dundas, Jeff Friedman o Bill Pagel (autor de la inevitable página Bob Links), todos ellos investigadores, recopiladores y la gran mayoría autores de las más destacables grabaciones que uno pueda encontrar de algunos de los períodos míticos en la historia de Dylan y por tanto del rock.

Les Kokay publicó en el 2000 su catálogo  de todas  las grabaciones de la gira de 1974, “Bob Dylan/The Band (A Collectors Guide to the 74 Tour), actualizado en 2005, que el consiguió recopilar y remasterizar en gran medida, gracias a lo cual han llegado hasta nosotros en un estado todavía aceptable, algunas de ellas (pocas desde luego) excelentes registros para la época. Sin embargo, cita en el encabezamiento a Clinton Heylin, como forma de reconocimiento a la aportación de este autor, con una afirmación que no es del todo incierta pero que yo no comparto, “There are two problems with the 1974 tour: the tapes are crap and Dylan’s performances are crap.”  – C. Heylin, Telegraph 32 pag 86. Las cintas son en su mayoría de una calidad lamentable, eso es indiscutible, pero no así las interpretaciones del furibundo artista de Columbia que, si bien es cierto cantaba y tocaba su guitarra, o se sentaba al piano, en un estado probablemente resacoso cuando no directamente bajo la influencia del alcohol u otras sustancias tóxicas, de lo que no cabe duda es que su desinhibida entrega y alto grado de emotividad resultan hoy sobrecogedores. Para muestra tenemos el  “Before The Flood”, la edición oficial de la gira que contiene en mi opinión una de las mejores versiones en directo del clásico “Just Like A Woman”, puro fuego y tormenta clamorosa de lluvia purificadora antes del  diluvio. También es de obligada escucha el concierto íntegro del que se extrajeron algunas de las pistas de ese disco oficial (entre ellas ese Just Like A Woman), del 14 de Febrero de 1974 en el Forum de Los Angeles, sesión de tarde, que contiene otra autentica pieza maestra del arte interpretativo del autor de Like A Rolling Stone, una imprevisible y subyugante “It’s All Over Now,  Baby Blue” que deja al atento oyente tan desconcertado como lleno de admiración. El imprescindible “bootleg” que incluye la grabación obtenida de la mesa de mezclas de este impresionante e irrepetible concierto es el titulado “Paint The Daytime Black” de Q Records ediciones (Ref.: QR 23/24).

Otro disco imprescindible de esta trascendental gira que uno podrá ver incluído en la correspondiente lista de Bobsboots es el “Oakland Flood”, primero de los dos conciertos del Alameda County Coliseum de Oakland, California del 11 de Febrero de 1974. El sonido es de mesa y ciertamente esplendido, aunque defectuoso en ocasiones debido a daños irreparables en la cinta. Contiene una extraordinaria y vibrante versión de la siempre magnífica y en cierto sentido apocalíptica, “Gates Of Eden”. Para no perdérsela. Existe además un recopilatorio de la gira, obra de Ronnie Z, reconocible por su apodo, Barefoot, y difundido posteriormente por Stewart (Stew711), cuyo título “Sound The Battle Charge” recoge muchas de las más intensas y emocionantes interpretaciones de algunas de sus canciones durante aquél período, especialmente algunas de su álbum “Planet Waves” (Inmediatamente posterior al comienzo de la gira), que no ha vuelto a hacer en directo desde entonces, como por ejemplo “Wedding Song”, “Something There Is About You” del citado álbum , y la excelente y conmovedora “Nobody ‘Cept You”. Cómo Dylan canta en esa actuación del  4 de Enero en Chicago esta lúgubre, sombría y existencial, pero altamente apasionada declaración de amor nunca publicada oficialmente hasta 1991 (“Bootleg Series Vol.1-3, Rare and Unreleased”) es algo que estremecería a cualquier alma sensible. Todas ellas vieron su debut durante los primeros conciertos de su vuelta a los escenarios en Enero del 74, como anticipo del hoy infravalorado LP que paradójicamente llegó a ser el primero del artista en alcanzar el Nº1 en USA en las listas de ventas.

El propio Les Kokay publica también su guía “Songs of the Underground (A Collectors Guide to the Rolling Thunder Revue 1975-1976)” en 2003 y en ella encontramos la documentación relativa a ambas partes de la gira RTR, tanto la del 75 como la del 76, los conciertos celebrados y todo el material disponible. La guía del 74 traía incluso una dirección de correo electrónico donde contactar con el autor. Desconozco si aquella dirección sigue estando vigente, pero hoy en día estas grabaciones han circulado ampliamente y no resulta difícil para cualquier aficionado hacerse con cualquiera de ellas, incluso corregidas y aumentadas, y hasta reparadas, ya que la reproducción o transferencia a disco digital de alguna de ellas corría a diferente velocidad que la del equipo de grabación original (magnetofones Niagra, por lo general) y otras, incompletas, se han ido completando con los años mezclando diferentes fuentes.

De los años previos, cintas de las grabaciones Pre-Columbia realizadas por amigos y colegas del propio Bob, las Gleason Tapes o las archireproducidas Minnesota Hotel Tapes, así como de los conciertos de los 60 y la documentada trasgresión del Folk con su conversión al Rock de acompañamiento eléctrico y su adopción de la cultura pop, hasta el dramático episodio del accidente de moto que truncara su carrera en la cumbre de la fama tras la gira del 66, daremos cuenta en un próximo capítulo y comentaremos los más destacables registros, las grabaciones coleccionables, tanto descartes de las sesiones  oficiales de grabación como conciertos y títulos de los “Bootlegs” correspondientes y todo lo referente al material existente en circulación.

El Coleccionista Hipnótico

Acerca De Mí

Me llamo Luis Borrego y nací en Madrid. A los 13 años me convertí  en fan incondicional de los Beatles.  Todo empezó como una revelación cuando el EP del “Twist And Shout” y el álbum “Beatles For Sale”  cayeron en mis manos. Fueron un original regalo de una hermana de mi madre que vivía en Londres. Desde entonces siempre estuve interesado en el rock y en la música popular anglosajona. El descubrimiento del LP “The Freewheelin’ Bob Dylan” no se haría esperar, por mediación de mi buen amigo JC, cuya madrina vivía en Biarritz. Se ve que ella encontró acertado comprarle a su ahijado ese hallazgo tan imposible de avistar en España por aquel entonces. Luego vendría el single “Like A Rolling Stone” que un colega del colegio me prestó en el verano del ’66 junto con el sencillo “Gloria”, interpretado por The Shadows Of Night. Este último  ocupaba ya en aquél momento uno de los primeros puestos en las listas de éxitos del Reino Unido. Ese acontecimiento cambió mi vida para siempre. Los discos de vinilo, y en particular los LP’s de aquellos maravillosos años, más concretamente las publicaciones referidas a la música popular anglosajona, han sido para mí objetos de culto desde que el primer golpe de batería y las primeras frases de “Like A Rolling Stone” resonaran en mis oídos alterando mi sentido de la percepción. Ya nada seria nunca como antes.

Traducir y comprender las letras de las canciones del genio de Duluth se convirtió en un objetivo que abandoné pronto de manera transitoria por falta de la base necesaria en el conocimiento de la lengua inglesa. Ya se sabe, en aquellos tiempos el único idioma extranjero que se estudiaba oficialmente en el colegio en España era el Francés. Mi devoción por el vinilo se fragua durante un tiempo en el que la lucha por las libertades y la música y el mensaje de los juglares se hacen esenciales en la vida de cualquier universitario con un mínimo de conciencia social, al menos en mi país. Tener el álbum en las manos, leer las notas de la contraportada y las letras de las canciones, cuando se incluían en la publicación, hacía mucho más trascendente la experiencia sonora y daba sentido a las canciones y al universo propio del artista, canciones que expresaban las inquietudes, las emociones y sentimientos de toda una generación.

A partir de ese periodo convulso, pero feliz, vehemente y lleno de vitalidad, el Rock se hace mayor de edad y representa para muchos de nosotros una forma de vivir y de entender el mundo. Los discos son entonces, como los libros, portadores del pensamiento y del alma humana y escucharlos, tocarlos y observarlos tratando de analizar el sentido último de la obra fonográfica resulta reconfortante o al menos esclarecedor. A veces estremecedor. Esa experiencia con frecuencia generaba una sensación incluso susceptible de provocar un extraño placer de una intensidad extrema o el dolor incontenible que emana del fondo de las entrañas cuando nos hace conscientes de nosotros mismos y del desamparo, la impotencia del ser humano. Tanto como tratar de atrapar dentro de un círculo de materia plástica toda la memoria del mundo.

Sin embargo es ya en la década de los 80, mas resueltamente a partir del año 1985, cuando tomo la determinación de coleccionar vinilos y completar la discografía oficial de los Beatles y la de Bob Dylan, del que solo había comprado hasta entonces 4 ó 5 LP’s, sin que ello supusiese desconocimiento alguno de su obra que había seguido siempre con interés y con asiduidad, aunque no tanto en profundidad. Otros artistas, también relacionados con la obra de Dylan, y muchos otros de diversa índole, tanto Americanos como Británicos, van engrosando mi arsenal. Especialmente interesado en grupos de Pop Británico sesenteros y en el Folk Rock y sus derivados, así como en sus raíces, el Rhythm and Blues, el blues tradicional y en particular los Delta Blues singers del Mississippi. También intento abarcar el Rock en general y algo de jazz, aunque muy escasamente representado en mis archivos. Al final de la década vuelvo la vista atrás hacia la movida madrileña y voy incluyendo algún que otro disco de grupos o artistas españoles, artistas como Gabinete Caligary o Los Pecadores, aunque en última instancia son los nuevos valores los que más me atraen, centrado muy concretamente en El Ultimo De La Fila (Quimi Portet y Manolo García) y sus diversas formaciones, cómo Los Rápidos y Los Burros. Algo de Radio Futura y también cante Flamenco, en particular Camarón, José Meneses y Manolo Caracol, se juntan en mis estanterías y hasta míticos representantes de la copla Hispana, como Concha Piquer, se suman al batiburrillo, al igual que el ilustre cantante Carlos Gardel, el más popular a nivel universal y significativamente destacado intérprete del Tango Argentino.  Nuevos descubrimientos, como Talking Heads, The Cure o R.E.M. , y otros no tan ampliamente representados en número, como Pixies, Stone Roses o Silencers, aportan nueva savia al muestrario, en mi lista de pertenencias. A partir de 1990, ya en la era digital, con el nacimiento del minidisc y otras formas de grabación y reproducción, mi volumen de adquisición de vinilos decae, aunque sigo atento a nuevas publicaciones de los artistas más relevantes en mi personal jerarquía de valores artísticos y musicales.

Es a partir de 1999 cuando descubro el alcance de internet y la posibilidad de hacerme con grabaciones insólitas antes inaccesibles mediante intercambios con otros coleccionistas con los que se podía contactar a través de Google Newsgroups, tales como rec.music.beatles o rec.music.dylan.

Es por ello que llego en 2004 a formar parte de un reducido colectivo al que de forma privada e intima denominamos  Dylan Traders Community y de ese modo acabo convirtiéndome en moderador, luego administrador  y finalmente co-Fundador de la página Hungercity, hoy ya desaparecida. Algunos de vosotros, los que frecuentabais ese espacio u otros de esas características, ya me conoceréis como Luisbp51, el nick con el que me identificaba en esos ámbitos.

Abro así con este Blog una nueva etapa en la que mi intención es dar a conocer el alcance de la obra de muchos de esos artistas, exponer mi colección públicamente y poner a disposición de cualquier persona interesada los cauces para hacerse con determinados ejemplares, grabaciones  de escasa difusión y vinilos descatalogados o raramente accesibles. Espero que os sea de utilidad y que encontréis aquí un lugar donde tener acceso a cierta información relativa a vuestros intereses como coleccionistas y amantes del rock y de la música popular.

El coleccionista Hipnótico

Presentación

Bienvenidos a mi pagina. Aquí encontrareis una recopilación, enumeración o referencia a los álbumes que a lo largo de mi vida he ido acumulando. En otros casos tal vez solo mención o descripción de aquellos que por diversas causas considero relevantes y en mi opinión merece la pena destacar. Pongo toda esta información a vuestra disposición y si hay algo que os pudiera interesar o que os gustaría adquirir de entre los ejemplares que se citan en este espacio o estuviesen relacionados con el material aquí descrito, no dudéis en contactar conmigo. Yo procuraré proporcionaros los cauces para que podáis haceros con dichos ejemplares, si  ello fuese posible. También estoy abierto a opiniones y sugerencias. Espero que disfrutéis recorriendo este espacio y encontréis motivación en su contenido.

The Doors (Version en Castellano)

Asistí hace unos días con mi grabadora al último concierto hasta la fecha del cantautor Español Iñigo Coppel en la sala Galileo Galilei. Afortunadamente tuve ocasión de registrar el audio de la mesa de mezclas y mientras lo escuchaba al día siguiente para separar la grabación en pistas, presté atención a una nueva canción de las suyas, recientemente escrita, que dedica a una mujer a la que vio junto a la tumba de Jim Morrison durante una visita al cementerio de Père Lachaise en Paris. Al parecer ella escribía un poema y en su mano una flor acariciaba el nombre en la piedra del mítico artista. Aquello le inspiró esa canción, bella y melancólica, por cierto. Y eso fue lo que me proporcionó la idea para iniciar este artículo que hoy dedico a The Doors, el álbum homónimo de la banda y primero de su discografía, grabado en Agosto de 1966 y publicado en Enero de 1967.

the doors

Era yo un adolescente de 16 años y aquella tarde celebrábamos una fiesta entre amigos en casa de alguno de nosotros, los colegas habituales. El hermano de alguno había viajado recientemente a los Estados Unidos y adquirió allí el álbum que nos ocupa, que nuestro amigo trajo consigo para satisfacción nuestra, tomándolo prestado, puede que sin permiso. Naturalmente, el LP no estaba aún disponible en España, por lo que fue un autentico lujo para todos nosotros tener la oportunidad de escucharlo y bailar a su ritmo. Mientras escuchábamos “Light My Fire”, como hechizados bajo el influjo del teclado de Ray Manzarek, alguien apagó la mayor parte de las luces. A medida que el disco giraba en el plato del tocadiscos nosotros bailábamos en la penumbra cada vez más enfebrecidos. “Crystal Ship” sonaba como un réquiem, aparentemente escrita para una ceremonia funeraria, pero era preciosa y contribuyó a hacernos entrar en trance. Cuando el solo de órgano de la última pista comenzó a sonar ya nos sentíamos como si estuviéramos en un viaje a una tierra desconocida. Los magnéticos, desconcertantes acordes de “The End” causaron un efecto hipnótico en todos nosotros. A medida que avanzaba la canción fuimos abducidos, arrastrados a otro nivel mental diferente, como si hubiéramos tomado drogas o algo así, que por supuesto no era el caso. Nos sentíamos como en ácido, aunque ni siquiera habíamos bebido alcohol, probablemente. No sabíamos por qué, pero nos abandonamos al mantra de aquella música embriagadora. Y bailamos hasta el final como zombis, compartiendo el mismo sentimiento, disfrutando juntos esa experiencia inolvidable.

Me pregunto por qué sucedería aquello y eso me hace pensar en el poder de la mente y el papel de la música y de las artes en general. Éramos muy jóvenes, eso es cierto, y desde luego, estábamos en plena era psicodélica, pero no era solo eso, había también una sensación de libertad que infundía el sonido y la forma en que el vocalista cantaba y pronunciaba aquellas palabras al compás de ese ritmo, con aquella armonía, lo hacía todo nuevo y provocativo. Lo que quiero decir es que su música, especialmente los riffs del órgano de Ray Manzarek acompañando a la audaz interpretación de Jim Morrison, nos permitió liberar nuestra mente y adentrarnos más profundamente en un mundo desconocido de algo que estaba prohibido para nosotros. Tuvimos la sensación de que las drogas podrían permitirnos cruzar la barrera entre la consciencia y el subconsciente y nos dimos cuenta de que podíamos hacerlo sin ellas. Eso supuso un liberación, una renuncia a nuestros prejuicios sin llegar del todo a introducirnos en un mundo pecaminoso a nuestro entender que habría sido un enorme obstáculo para nuestro sentido de la dignidad y el concepto de degradación que habría podido significar para nosotros el abuso de sustancias tóxicas a esa temprana edad.

No teníamos todavía la menor idea acerca de la actitud rebelde de Jim Morrison, pero su particular sentido de la libertad y su voluntaria transgresión de la moral convencional, que le llevó a provocar diversos escándalos en los escenarios, tales como el tristemente famoso incidente en el Ed Sullivan Show, trascendió, obviamente, el trabajo fonográfico y logró alcanzar nuestra todavía tierna sensibilidad. Para aquellos de vosotros que no habíais oído nunca hablar del mencionado incidente en el programa de televisión de Ed Sullivan, aquí tenéis un breve resumen de lo acontecido:

Se advirtió a los Doors antes de la actuación de que no podían emplear en la televisión nacional, CBS, la palabra “higher” incluida en un verso de “Light My Fire”,

‘You know that it would be untrue
You know that I would be a liar
If I was to say to you
Girl, we couldn’t get much higher’

Así que, ellos lo aceptaron, pero Morrison decidió que era parte integral de la canción y acordaron no cambiar una sola palabra, así que la cantaron tal cual, de todos modos. Aquellos shows eran en directo por aquél entonces. Después de su actuación los productores se precipitaron en el vestuario, Sullivan echando espuma por la boca, y les dijeron que nunca más podrían aparecer de nuevo en un programa de la CBS. Se les prohibió volver al espectáculo. Su primera y última actuación.

Según los informes, Jim Morrison respondió al rechazo de los productores en un tono desafiante, “¡Oye tio,  ya está, ya hemos ‘hecho’ el Sullivan Show!”

Una amiga me comentó que, aun siendo diferentes circunstancias, la reacción de Ed Sullivan le recordaba a Pete Seeger con un hacha tratando de cortar los cables en el Newport Folk Festival en 1965 con el fin de abortar el sonido (ellos lo llamarían “ruido”) que salía de las guitarras eléctricas e instrumentos de Dylan y la Butterfield Blues Band. Tal vez no del todo similar, pero se podría decir que tenía que ver con el mismo tipo de intolerancia.

Por supuesto, la rebeldía de Jim Morrison era probablemente algo que nos pareció seductor y hasta, en cierto modo, embriagador. Sus actuaciones mostraban ese deseo urgente de comerse el mundo, devorando la vida a cachos.

No sabíamos nada de él entonces. Pero ahora sabemos que era un niño con una enorme imaginación e ideas un tanto oscuras. Por alguna razón tenía una cierta afinidad con el lado oscuro de la vida. De todos modos, pronto se convirtió en un joven díscolo que creció influenciado por Nietzsche y la corriente existencialista de la Generación Beat. Algo que era probablemente el signo de los tiempos.

Jim se graduó en la escuela de cine de UCLA, donde conoció a Ray Manzarek. El joven Morrison ya escribía letras brillantes inspiradas en Rimbaud y llenas de imágenes imbuidas del surrealismo de Antonin Artaud. Su compañero de clase, Ray, pensó que sus letras eran excelente material rock y no tardó mucho tiempo en convencer a Jim de que deberían formar una banda de rock. John Densmore se unió a ellos inmediatamente y Krieger se sumó más tarde a la formación.

Muy pronto grabaron su primer álbum, logrando un merecido reconocimiento a nivel nacional después de firmar con Elektra Records en 1967.

El álbum era una fascinante introspección dentro del mundo psicodélico. No sabía yo que el nombre del grupo era una referencia a la noción de abrir las puertas de la percepción a través del consumo de alucinógenos, pero parece ser cierto. La idea surgió del libro de Aldous Huxley “Las Puertas de la Percepción”, que estaba a su vez inspirado en una frase de “El Matrimonio Entre el Cielo y el Infierno” de William Blake, que decía así: “Si se despejaran las puertas de la percepción todo aparecería al hombre tal y como es, infinito”.

Y, ciertamente, su música sonaba infinita para nosotros. No sabíamos lo que estaba pasando, no sabíamos nada en absoluto. Pero estábamos allí hechizados, cada vez más implicados en el signo de los tiempos, seducidos por la propuesta de un mundo abierto, visto desde una perspectiva diferente, con una mente abierta. Era como ser repentinamente consciente de que hay otros mundos pero están en éste. Nunca pude olvidar la forma en que ese disco me impresionó, cómo esas canciones causaron en mí un profundo impacto y por consiguiente en la vida que vivíamos en aquél tiempo.

Pienso en lo que The Doors representan en la evolución de la música y cómo influyeron en jóvenes como nosotros, cómo nos sentimos conmovidos por el ritmo y la armonía de su trabajo con el temperamento rebelde y salvaje de Morrison. Incluso parecían reivindicar una cierta libertad de expresión a pesar de su atractivo comercial. Estábamos, más que inducidos, impregnados de aquél existencialismo de andar por casa que asimilamos fácilmente, sin mucha consciencia de a dónde nos conduciría. Aunque sin duda nos ayudó a iniciar un camino a través de lecturas sugeridas con las que instintivamente estuvimos de acuerdo. Sería un camino que recorreríamos totalmente conscientes de a dónde nos dirigíamos.

El LP fue un gran acierto. “Light My Fire” se convirtió en uno de sus grandes éxitos, especialmente a través de la versión de José Feliciano, que proporcionó a la canción una enorme popularidad. Aunque supongo que el hecho más relevante fue la inclusión de “The End” en la banda sonora de “Apocalypse Now”, lo que ayudó a difundir su trabajo conceptual más significativo, convirtiéndoles en una de las bandas más célebres de la historia del rock.

Sin embargo, tanto como su propio talento como compositor, fue la controvertida figura de Jim Morrison y su carácter audaz, junto con el drama que rodeo su vida y su muerte, lo que acabó garantizándole el derecho a ser considerado una de las estrellas del rock más emblemáticas de la historia. Era bien conocida su dependencia del alcohol y su adicción a la heroína, así como el uso frecuente de alucinógenos, pero su poesía improvisada a ritmo de rock siempre podía redimirle. En una ocasión fue detenido por mostrar sus atributos masculinos en el escenario en un lamentable concierto en New Haven, CT. Tal incidente apareció en la película de Oliver Stone, “The Doors”, lo que no hizo otra cosa que reforzar el mito. Su muerte en París en extrañas circunstancias al parecer debido a una sobredosis de heroína, aunque ese dato nunca se ha verificado, finalmente contribuyó a la leyenda.

The Doors

A few days ago I attended last concert to date of Spanish singer Iñigo Coppel at Galileo Galilei equipped with my recording gear. Fortunately I was able to tape the soundboard and next day, as I was listening to it, I paid attention to a new song of his, dedicated to a woman he met at Jim Morrison’s grave while visiting Père Lachaise cemetery in Paris. Apparently she was writing a poem and, with a flower in her hand, she stroked the name on the stone of the legendary artist. That event inspired the song, beautiful and melancholy, indeed. And that gave me the idea to start now this article about The Doors, the eponymous album of the band, first of their discography, recorded in August 1966 and published in January 1967.

the doors

I was a teenager of 16 and that afternoon we celebrated a party with friends at the home of one of our regular colleagues. Someone’s brother had recently traveled to the United States and bought the album in question, which our friend brought to our satisfaction, borrowing it, maybe without permission. Of course the LP was still unavailable in Spain, so it was a treat for all of us to have a chance to listen to and dance to it. As we were listening to “Light My Fire”, bewitched under the spell of Ray Manzarek’s keyboard, someone turned most of the lights off. As the disc was still spinning on the turntable we were feverishly dancing in the gloom. “Crystal Ship” sounded like a requiem, seemingly written for a funeral party, but it was beautiful and contributed to making us fall into a trance. When the last track organ solo started we were already feeling as if we were on a trip to an unknown land. The magnetic, bewildering chords of “The End” caused a mesmerizing effect on us all. As the song progressed we were abducted into a different mind level, as if we had taken drugs or something, which of course was not the case. We felt like we were on acid, though we had not even drank any alcohol, most likely. We didn’t know why but we abandoned ourselves to the mantra of such intoxicating music. And we danced ’til the end like zombies, sharing the same feeling, enjoying together such an unforgettable experience.

I wonder why it happened and it makes me think of mind power and the role of music and arts in general. We were very young, that’s true, and of course we were through the psychedelic era, but still there was a sense of freedom that the sound instilled and the way the words were sung, along with the rhythm and harmony, made it all new and provocative. What I mean is that their music, especially Ray Manzarek organ riffs, beside Jim Morrison bold delivery, allowed us to free our minds and get further into an unknown world of something that was for us forbidden. We felt like drugs could make us cross the barrier between consciousness and the subconscious mind and we realized we could do it without them. That was a release, a liberation of our prejudices, without going further into a sinful world that would have been an overwhelming hurdle for our sense of dignity and the concept of degradation that substance abuse might have meant for us at that early age.

We still didn’t have any idea about Jim Morrison’s rebel attitude, but his particular sense of freedom and his willful transgression of conventional morality that led him to provoke several kind of scandals while performing live, such as the infamous incident at Ed Sullivan show, obviously transcended the phonographic work and reach out to our still tender sensibility. For those of you who never heard of the incident at the Ed Sullivan TV show, here’s a brief summary of the event:

The Doors were told before the performance that they couldn’t use the word “higher” included in the “Light My Fire” verse, on national CBS television,

You know that it would be untrue
You know that I would be a liar
If I was to say to you
Girl, we couldn’t get much higher’

Therefore, they agreed, but Morrison decided it was integral to the song so they concluded they wouldn’t change a word and sang it like that anyway. Those shows were live at that time. After their performance the producers rushed into the dressing room, Sullivan foaming at the mouth, and The Doors were told they could never appear again on national CBS TV. They were banned from the show. Their 1st and last.

Jim Morrison reportedly replied to the producer’s rejection in a defiant tone, “Hey man, we just ‘did’ the Sullivan Show!”

A friend of mine told me that, even being different circumstances, Ed Sullivan reaction reminded her of Pete Seeger with an axe trying to cut the cords at Newport Folk Festival in 1965 in order to avoid the sound (they would call it “noise”) coming out of Dylan and the Butterfield Blues Band electric guitars and instruments. Maybe not quite similar, but one might say it had to do with the same kind of intolerance.

Of course Jim Morrison’s rebel mind was probably something we found seductive and intoxicating. His performances had that urgent desire to take on the world, tearing all of life to pieces.

We didn’t know then anything about him. But we know now he was a kid with a huge imagination and dark ideas. For some reason he had this affinity to the obscure side of life. Anyway, he soon became a wayward young man who grew up influenced by Nietzsche and the existentialist stream of the Beat Generation, something that was probably the sign of the times.

Jim graduated from UCLA film school, where he met Ray Manzarek. Young Morrison was already writing brilliant lyrics inspired by Rimbaud, filled up with imagery derived from Antonin Artaud’s surrealism. His schoolmate Ray thought his lyrics were excellent rock stuff and it didn’t take so long for him to convince Jim that they should make a rock band. John Densmore joined them immediately and Krieger was later added to the lineup.

They soon recorded their debut album achieving national recognition after signing with Elektra Records in 1967.

The album was a fascinating introspection into the psychedelic world. I didn’t know the name of the band was a reference to unlocking the doors of perception through psychedelic drug consumption, but it seems to be true. The idea came from Aldous Huxley’s book “The Doors of Perception” which in turn was inspired by William Blake’s line from “The Marriage of Heaven and Hell,” which read like this: “If the doors of perception were cleansed everything would appear to man as it is, infinite.”

And certainly their music sounded infinite to us. We didn’t know what was happening, didn’t know anything at all. But we were there spellbound, getting deeper into the sign of the times, seduced by their proposal of an open world seen from a different perspective with an open mind. It was like suddenly being aware that there are other worlds but they are in this one. I could never forget the way the album impressed me, how those songs made a deep impact on me and the life we were living at the time.

I think of what the Doors represented in the evolution of music and how they influenced young people like us, how we were moved by their rhythm and harmony with Morrison’s wild and rebellious temperament. They were even embodying a certain freedom of expression despite their commercial appeal. More than introduced to, we were impregnated with this homespun existentialism which we easily assimilated without much awareness of where it would lead us. However it helped us to find a path through suggested readings which we instinctively agreed with. It would be a path we would walk fully aware of where we were going.

The LP was a big success. “Light My Fire” became one of their greatest hits, especially through Jose Feliciano’s cover, which granted the song a huge popularity. But I guess the most relevant event was the inclusion of “The End” as part of “Apocalypse Now” soundtrack, spreading all around their meaningful conceptual work, making them one of the most celebrated bands in rock’s history.

However, as much as his own songwriting, it was Jim Morrison’s controversial figure and bold character, along with the drama surrounding his life and death, that entitled him to be considered one of the most iconic rock stars ever. His alcohol dependence and frequent abuse of heroin and hallucinogens was well known, but his  improvised poetry to a rock beat could always redeem him. He was once arrested for showing his male attributes on stage at a pitiful concert in New Haven, CT. This incident appeared in the Oliver Stone movie, “The Doors”, further reinforcing his myth. His death in Paris under strange circumstances apparently due to an heroin overdose, though still never verified, finally contributed to the legend.

The Hypnotist Collector