Enredado En La Tristeza (Tangled Up In Blue)

Es el momento de retomar la idea que tuve la semana pasada (La Cocina Bien Aseada), y hablar de ese video de Dylan que mi amigo Laurent publicó en Facebook entonces. Se trataba de un vídeo oficial con material de archivo tomado de la ya clásica película de culto, “Renaldo y Clara”. La película, dirigida por Bob Dylan, se rodó en 1975 durante la gira por EE.UU. con su Rolling Thunder Revue. Se realizó al estilo “cinema verité” siguiendo la técnica de rodaje de D. A. Pennabaker para documentales basada en la teoría del Cine-Ojo de Dziga Vertov. El vídeo muestra el rostro de Dylan en primerísimo plano captado por una cámara estática.

Mi amigo introducía su publicación de esta manera: “Simplemente mirad su cara”.

Yo ya lo había visto. De hecho, lo tengo en mi colección, ya que fue incorporado al DVD incluído en la Edición Limitada del Bootleg Series Vol. 5 – Bob Dylan Live 1975 (2002)

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Nunca había pensado en ello desde un punto de vista técnico, sin embargo. Pero esta vez, por alguna razón, empecé a verlo desde una perspectiva profesional, como lo haría un director de cine.

Pensé que no solo era una asombrosa versión en directo, sino que el rodaje de su actuación en tan primerísimo plano era excelente. Laurent me decía que, para ser sincero, él creía que ahí estaba la esencia misma de “His Bobness (su Majestad Bob)” ¡Jajaja! Bueno, es cierto, el plano realmente captura la esencia misma del arte interpretativo de Dylan, pero, como yo le dije, alguien tuvo que poner las luces en los lugares adecuados, emplazar la cámara en el lugar correcto… y probablemente otra persona se encargaría de la filmación de la excepcional toma con el ángulo correcto, el objetivo apropiado y la apertura del diafragma exacta. Y lo que es más, debió de ser capturada con un teleobjetivo, lo que implica que era fácil irse fuera de foco cuando el intérprete movía la cabeza, por lo que es probable que el operador de cámara tuviese que hacer un gran esfuerzo para mantener la imagen enfocada todo el tiempo. Por supuesto, el realizador fue el propio Dylan, pero supuse que debió de tener a alguien muy experto a su lado que le asesorase.

Siguiendo las indicaciones de mi amigo Laurent busqué en Google a un tal Howard Alk, editor y camarógrafo, para descubrir que era un antiguo amigo y colaborador de Dylan, responsable de la filmación y la fotografía de “Renaldo and Clara“. También trabajaron juntos en la edición de la película. Parece que, aunque sin acreditar, colaboró incluso como operador de cámara en “Dont Look Back” de Pennabaker y ayudó a Dylan en las tareas de edición de “Eat The Document“.

27-may-1966-john-lennon-is-filmed-with-bob-dylan-660x330Fotograma del documental “Eat The Document”

Así que, respecto a las secuencias de vídeo de este “Tangled Up In Blue”, hay que concluir que Howark Alk fue brillante; alguien con habilidades sorprendentes como director de cine y como director de fotografía. Sin duda fue también un gran iluminador y operador de cámara. Esos trabajos podrían haber sido realizados por dos técnicos diferentes del equipo de cámara, pero en este caso parece que fue todo obra de Alk. Por desgracia, murió pronto, a los 52 años, en enero de 1982. Poco antes había filmado varios conciertos de la gira de Bob Dylan de 1981. Descanse en paz.

El Coleccionista Hipnótico

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La Cocina Bien Aseada

Estaba a punto de escribir un breve artículo sobre un vídeo de Bob Dylan que subió un amigo recientemente, pero luego me di cuenta de que no había limpiado mi cocina en profundidad desde hacía ya tiempo, ni siquiera la había ordenado convenientemente. Es por eso que pensé: “Es domingo, una buena ocasión para hacer un poco de limpieza en casa”, y sentí que debía comenzar con mis tareas de limpieza y dejar el artículo relacionado con las secuencias de vídeo para otro momento mas apropiado. Dylan puede esperar ;).

Así que dediqué algún tiempo a hacer lo que pensaba que debía hacer y era necesario, y finalmente terminé mi labor en la cocina. Me siento orgulloso al ver ahora el resultado de mi trabajo y por alguna razón pienso que sería una buena idea compartir aquí mi cocina bien aseada, tal como se ve ahora. Eso es lo que estoy haciendo, así al menos algunos de vosotros entenderéis mi buen humor de esta tarde 😂😂😂.

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Así es como brilla ahora mismo el piso de la cocina en una tarde semi-nublada. La siguiente imagen os mostrará el aspecto que tiene toda ella después del zafarrancho 😜 …

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Algunos de vosotros pensareis, “¿Qué nos importa a nosotros, realmente?” y “¿Por qué razón le interesa a él, al Coleccionista Hipnótico, mostrar estas imágenes de tan escasa calidad y baja resolución?” La razón es, simplemente, que me encanta ese impresionante blues de Robert Johnson, “Come On In My Kitchen”

Y mirando a mi  sucia y desordenada cocina, me acuerdo de la letra … “you better come on in my kitchen, ’cause it’s goin’ to be rainin’ outdoor (será mejor que entres en mi cocina, porque parece que va a llover ahí fuera.)”

El  Coleccionista Hipnótico

Una Vida Sin Canciones

Difícil imaginar una vida sin canciones. La música está ahí, a la vuelta, en cada latido de la madre naturaleza. Pájaros cantores, ríos susurrando mientras fluyen hacia el mar.

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La especie humana ha cantado desde el principio de los tiempos. Pienso ahora en una vida sin canciones y me parece vacía, carente de emoción, privada de los recuerdos y sentimientos evocados por el canto.

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A veces escucho una canción durante un rato y entonces, sin siquiera notarlo, se queda grabada en mi mente. Podría olvidarme de ella y no volver a preocuparme, pero luego, en un cierto momento, incluso días más tarde, viene a mí desde el último rincón de la memoria y enseguida comprendo que no se irá fácilmente. No puedo quitármela de la cabeza. Da vueltas en mi cerebro, sonando una y otra vez. Me hace sentir bien, sin embargo. Es como si crease un particular estado de ánimo muy apacible, provocando un sentimiento placentero, haciéndome sentir tranquilo y satisfecho. Y me encuentro a mi mismo disfrutando de la música y las palabras repicando en mi cabeza. A veces sucede que siento una necesidad urgente de escuchar la pista original otra vez y tengo que encontrarla y hacer que suene en mi reproductor de audio. Entonces se convierte en una experiencia extraordinaria ¡Es una sensación tan agradable! No sé por qué ocurre y supongo que es algo que nos sucede a todos, probablemente, en un momento u otro.

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Judy Garland en “El Mago De Oz” cantando “Somewhere Over The Rainbow”

Hay mucha gente que hace canciones para nosotros; cantantes, compositores, músicos… y todos ellos producen sonidos capaces de llenar nuestros corazones y nuestras almas. Por eso quiero expresar aquí mi agradecimiento a todos ellos y pido a todos vosotros, los que me leéis, que mostréis también vuestro agradecimiento por las canciones que os gustan. Porque nunca hay que dar nada por sentado… y es más, una vida sin canciones sería una vida perdida.

El Coleccionista Hipnótico

Pinturas:

  1. Albert Bierstadt “Among The Sierra Nevada, California” Google Art Project
  2. Carolina Wren “Thryothorus ludovicianus” en American Holly Ilex opaca. Copyright 2004, 2005 Carl W. Cole Personal Website.

El Palacio de Guzmán y Sonorama 2016

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El pasado sábado asistí a un más que entretenido espectáculo de calle protagonizado por Joaco Showman junto al Palacio de Guzmán. La función tuvo lugar en la plaza del pueblo, cerca de la iglesia, en la pintoresca pedanía Burgalesa de origen medieval que da nombre al palacio.

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Fue un espectáculo de magia y humor organizado por los propietarios de la Posada de Guzmán. El mencionado palacio, adquirido por sus actuales propietarios, fue restaurado en 2001 y convertido en posada con fines turísticos para el excursionismo rural.

Tanto el artista Joaco Showman como yo mismo, en calidad de representante, habíamos sido invitados a pasar el fin de semana en la posada del palacio, a raíz de la actuación. Tengo que agradecer a los propietarios su hospitalidad y el excelente trato que nos dispensaron. La estancia no ha podido ser más agradable. Agasajados en todo momento, fuimos obsequiados con un delicioso rabo de toro, bebida a discreción y buen café. Igualmente, disfrutamos de una estupenda cena, una bonita habitación muy confortable y un desayuno abundante con café o ColaCao, zumos, fruta, bizcocho y toda clase de bollería. La visita incluso habría merecido la pena aunque solo fuera por disfrutar de las instalaciones del hermoso palacio medieval, decorado con un gusto exquisito al más puro estilo castellano.

Al acercarnos el domingo a Aranda de Duero  para coger el autobús de regreso a Madrid nos encontramos con el Festival de Música de Aranda, Sonoroma 2106. Se comentaba allí que la asistencia al Festival había duplicado este año la población de la localidad Burgalesa. Se trata de un evento que cada año tiene más adeptos. Y no es de extrañar, ya que la organización y la calidad de los participantes se supera año tras año.

Ya en la pasada edición fueron cerca de un centenar de grupos y artistas los que desfilaron por los escenarios del Sonorama, tanto los ubicados dentro del recinto, como los repartidos por las diversas plazas de Aranda de Duero.

Grupos de la categoría de Calexico, Tulsa, Bambinika, Biznaga, Vetusta Morla, The Parrots, Los Toreros Muertos, Neuman, Marlango, Los Nastys, Dorian, Arizona Baby, Bigott, Dinero, Mercromina, Mucho, Correos, Clap Your Hands Say Yeah, Belize, Smile, Supersubmarina, Zahara, Lichis, Lucia Scansetti, Anna Calvi, La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La MODA), La Habitación Roja, Reikiavik, Noreste, Australian Blonde, Ángel Stanich, Rufus T-Firefly, Pecker, Sexy Zebras, Reina Republicana, Acrobata y Los Vengadores entre otros muchos…

 

Cartel Sonorama 2016

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En la presente edición se ha registrado un alto número de participantes. Entre las confirmaciones definitivas, en primera instancia, figuraban artistas de la talla de:

091, Second, The Hives, Señores, Love of Lesbian, La Frontera, Niño de Elche, Mucho, Miss Caffeina, Luis Brea y el Miedo, Izal, Ellos, Delorentos y Carlos Sadness.

Belako, Elyella DJ’s, Exsonvaldes (con Elena Miquel), León Benavente, Julieta 21, Kula Shaker, Nudozurdo, Quique González, Onda Vaga, Sidecars, Supercroma, Triángulo de Amor Bizarro, Molotov, Mando Diao, Ángel Stanich, Corizonas, Egon Soda, Manel y El Dúo Dinámico.

Y de los confirmados a última hora, entre los más destacables, participaron los siguientes:

Fuel Fandango, L.A., Alex Cooper, Delorean, Digital XXI & Stefan Oldsal, Maga, Micky y Los Colosos del Ritmo, Carmen Boza, Bozza, Morgan, Embusteros, Super Ratones, Fizzy Soup (ganadores del concurso Talento Ribera) y Perro.

Ahora ya solo resta esperar al año próximo.

El Coleccionista Hipnótico

Bibliografía:

Todoindie (19 de Julio de 2016) Sonorama 2016/Cartel/Entradas/Horarios. Consultado el 14 de Agosto de 2016 en http://todoindie.com/sonorama-2016/

Revolver (Versión en Castellano)

El viernes pasado fue el 50 aniversario de la publicación de “Revolver”, el séptimo álbum de los Beatles, en el Reino Unido. No salió a la venta en los EE.UU. hasta el 8 de agosto, sin embargo, por lo que hoy se cumplen 50 años de su lanzamiento en Norte América (debido al retraso en publicar la versión en castellano, en realidad debería decir anteayer; lo de “hoy” se refería al momento en el que publiqué el artículo en inglés). Por una de esas extrañas coincidencias de la vida, hace no más de tres semanas recibí un mensaje de mi buen amigo Valentín Calderón, un conocido fan de Bob Dylan en los círculos de aficionados españoles. En su nota, mi amigo me pedía consejo con el fin de averiguar como valorar y certificar una copia original en vinilo del LP “Revolver” firmado por los Fab Four”.

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Me decía que obra en su poder esta edición original del sello Parlophone publicada en el Reino Unido. La cubierta es rasgada por la mitad, como se ve en la imagen de arriba, pero los 4 autógrafos de los Beatles siguen a, bien conservados y todavía visibles, aunque un poco lavados por el tiempo. Mi amigo Valentin no tiene ninguna duda de que las firmas son auténticas, ya que él lo recibió como regalo de un amigo de la infancia quien lo adquirió a su vez de su propia madre. Ella trabajaba en Londres en aquél tiempo y tuvo la oportunidad de conseguir que los Beatles le firmaran su ejemplar de este disco cuando les conoció en el lugar donde trabajaba.

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Solicité la ayuda de un amigo en el grupo de facebook “Everything Beatles.” Por supuesto, este amigo me atendió muy amablemente y me dió un par de direcciones URL de sitios web dedicados a estas cuestiones donde podrían proporcionarme información acerca de las copias firmadas de álbumes de los Beatles. Les escribí pidiendo consejo respecto a ese tema, pero aún no he obtenido respuesta alguna. Incluso pensé en la más que improbable posibilidad de ponerme en contacto con alguno de los Beatles vivos :).

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Antes de hacer un breve comentario sobre algunas particularidades de “Revolver”, quería mencionar la solicitud de mi amigo y darla a conocer entre todos mis lectores, por si acaso alguien por ahí podría echarnos una mano o decirnos cómo proceder.

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Otra curiosidad del mencionado ejemplar es que aún hay otro autógrafo más, perfectamente visible sobre la firma de John Lennon. No podría afirmarlo con seguridad, pero he indagado en la red para hacer las comparaciones pertinentes y parece que podría estar firmado por Lester Pigott, el famoso jockey británico, ganador en varias ocasiones del Derby de Epsom.

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Como homenaje a este LP, que muchas personas consideran la mayor obra maestra entre los álbumes conceptuales de los Beatles, voy a comentar un par de datos curiosos respecto a las sesiones de grabación en estudio. Geoff Emerick, el ingeniero de sonido, una vez declaró: “Con ‘Revolver’, se trataba más de cómo hacer que las cosas sonasen diferente, en lugar de reales“. A modo de ejemplo, en “Tomorrow Never Knows” podemos escuchar el graznido de una gaviota que en realidad era la risa de McCartney reproducida al revés a doble velocidad. Otra cosa interesante a destacar es la banda de metales incluida en “Yellow Submarine” y la divertida y un tanto alocada sesión, donde Brian Jones, Marianne Faithfull, Pattie Harrison, Neil Aspinall e incluso Geoff Emerick y George Martin, hacian los coros. Sin duda, el LP revolvió las cosas como ningún otro empeño en el terreno del pop-rock lo había hecho antes.

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El Coleccionista Hipnótico

Bibliografía:

Scapelliti, Christopher (5 de agosto de 2016) The Beatles ‘Revolver’: Guía de las canciones, instrumentos y equipos de grabación. Consultado el 8 de agosto de 2016 en http://www.guitarworld.com/guide-recording-equipment-songs-and-instruments-featured-beatles-revolver-album

Cabrera, Enrique (Copyright © 1996-2000) Only Some Northern Songs In Revolver. Consultado el 8 de agosto de 2016 en http://www.upv.es/~ecabrera/revolver.html

Iñigo Coppel “En El Olympia”

Ya he escrito anteriormente acerca de Iñigo Coppel. Probablemente el cantautor de mayor proyección, actualmente, en el panorama musical Español. Su nuevo disco, ya grabado, “Los Nobles Salvajes”, al que me refería en otra ocasión, está ahora en la fase definitiva de pos-producción y verá la luz después del verano. Pero entretanto, hoy quiero llamar la atención de mis lectores sobre su anterior trabajo, un excelente disco producido por José Nortes y grabado en directo en la Taberna del Viejo Artuset el 27 de Diciembre de 2013.

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El CD comienza con ese tema insólito, “Iñigo Coppel Viaja A La Edad Media Y El Rock And Roll Salva Su Vida”. Un cantar de gesta que enseguida te atrapa en su desenfrenada carrera de corte surrealista donde el desventurado cantautor callejero en el que se transmuta el artista narra en primera persona lo acontecido cuando por un fenómeno inexplicable viaja en el tiempo a un pasado medieval. No quiero hacer una crónica del álbum ni analizar aquí las canciones o valorarlas en ningún sentido. Solo pretendo invitaros a escuchar un disco que en mi opinión no tiene desperdicio y del que es muy posible acabéis enamorados a poco interés que pongáis en escucharlo. Basta con dejarse llevar por la arrolladora habilidad de Iñigo para transmitir emociones y narrar historias con ese humor suyo cargado de sarcasmo o esa inmensa sensibilidad con la que posa su verdad sobre las almas para llegar al fondo de las cosas con una honestidad inquebrantable.

El “Tango del Amante Traicionado” deja una amarga sonrisa en el oyente tras la sonora carcajada que provocan esos versos finales:

“¡La fe! ¡Es pa’ perder la fe!
Vivimos acosados por la infamia,
Son tiempos de amor casto y monogamia,
¡Más bajo ya no se puede caer!”

Porque uno piensa con nostalgia en cuan cierto es eso de que “tan solo los amantes creen en el amor”. Y, al fin y al cabo, en cuan lamentable es la traición, incluso si se le da la vuelta al planteamiento y con admirable sentido del humor se convierte en víctima al pobre cómplice de la primera deslealtad.

Encontramos entonces esa balada inimaginable que es “Serenata para C”. La certera descripción de ese alguien que uno ama en silencio sin comprender como es posible que semejante ser pueda vivir con esa angustia y sentir la tristeza, el dolor, el miedo, la ansiedad y la infinita soledad que la envuelve a pesar de ella misma y su belleza perfecta. “¿Quien lo puede creer?”. Sin embargo lo entiendes, porque a través de la mirada del autor también tú llegas a amarla. Es justo antes de la tercera estrofa, cuando el mágico violín de Manu Clavijo hace su aparición, cuando esta serenata cobra todo el sentido y llegas a hilvanar todos los elementos, completando la imagen capturada en la composición.

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La guitarra de Coppel arranca como una airada protesta de aquellas que Bob Dylan entregó al mundo en el año ’63. La misma fuerza narrativa, el mismo impacto musical y la misma convicción. Solo que aquí lo que se cuestiona es si el asesinato de ese hombre, al que hubo de ejecutar el propio narrador, tenía algún sentido. “¿Estáis Seguros de que era un Fascista? ¿Estáis seguros de que no habrá más como él?” La canción no solo denuncia una practica macabra y el hecho de que con toda probabilidad eligieron a la victima equivocada, sino que la elección, por esa misma regla de tres, podría llevarles a asesinar a media humanidad.

La siguiente pista contiene mi canción favorita del disco. No me preguntéis por qué. A pesar de todo, trataré de ofrecer una explicación. “Acaba Conmigo” es un sincero acto de contrición y, como tal, resulta conmovedor. La incisiva sucesión de acordes me cautiva. El tono lacerante de la melodía, acompañando al reconocimiento de la culpa en la afligida voz de Iñigo, penetra en mi como el acero afilado de una navaja de afeitar. La aceptación del castigo asumiendo la pena capital como única forma de redención hace estragos en mi integridad emocional. Y cuando, dispuesto a pagar con su vida por el daño causado, exclama: “Dispárame ¿A qué estás esperando? …acaba conmigo de una vez”, no puedo evitar que se me parta el alma.

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Como una declaración de principios, como un acto de fe en la condición de juglar, Iñigo Coppel recita a continuación este poema que llega directamente al corazón. “En El Olympia” nos habla de una fe perdida y recobrada durante ese encuentro con Gardel y todos los grandes cantores, cuando, como dice la canción, “Los caminos de la vida, escuchadme, mes amis, arrastraron mi alma herida hasta el Olympia en Paris”.

“Laura Y Las Desventuras Del Joven Coppel” narra con una gran dosis de socarronería un primer fracaso amoroso que resulta ser una victoria, un propósito cumplido y la reafirmación como ser humano. Y lo hace a ritmo de rock con envidiable maestría.

De nuevo otra estremecedora balada éste “Recuerda El Viento” que el músico Bilbaíno le canta a un piano recordándole que una vez fue un bello roble, que una vez fue libre y noble. Eso hasta que lo derribaron para convertirlo en ese piano que ahora ocupa un rincón del escenario en un bar de cantautores.

“Oiga, Que Hubieran Estudiado” precede a la ultima pista del disco. Se trata de un singular blues que el autor habitualmente dedica a todas esas mujeres que pudiendo estar con esos otros músicos triunfadores, glamurosos y sofisticados, eligen la compañía de tipos como él. Gran tema que aborda con ironía la cuestión del éxito, el verdadero valor de la creación artística y el escabroso asunto de la nada desdeñable motivación que supone la conquista de algún que otro ejemplar del sexo opuesto para dedicarse a esto de la música.

El magnífico tema final, titulado así, “Si Algún Día Yo Muriera -Dios No Lo Quiera-” es, como su propio nombre indica, un testamento artístico. Eso es solo en apariencia, en realidad es mucho más que eso. Es como un examen de conciencia, un rendir cuentas con el pasado para extraer de ahí todo lo aprendido y reafirmarse en sus creencias. En definitiva es la confirmación de estar en el camino, en paz consigo mismo, tras haber recorrido un largo trecho. Cómo él dice: “no me quitan lo cantado, aprendí a estar de mi lado, morí cuerdo y fui feliz”.

https://coppel.bandcamp.com/album/en-el-olympia

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Quédate Conmigo

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No fui muy diligente a la hora de hacerme con un ejemplar del penúltimo disco de Bob Dylan, el álbum titulado “Shadows In The Night”. En cualquier otro caso habría corrido a visitar la tienda on line de Amazon para encargarlo con antelación en cuanto estuvo disponible. Pero el puñado de versiones de antiguas canciones interpretadas por Sinatra no llamaba especialmente mi atención. Más aún cuando ninguno de los títulos de las canciones seleccionadas me resultaba familiar. De hecho nunca llegué a adquirirlo por propia iniciativa, sino que fue un regalo que me hicieron que nunca agradeceré lo suficiente.

La primera vez que lo escuché lo hice sin demasiada convicción mientras dedicaba mi tiempo a otras actividades que seguramente me proporcionarían una más inmediata gratificación. O eso creía yo. Uno a veces puede resultar de lo más banal, incluso “snob”. Mi primera impresión fue acogerlo con extrañeza, mas bien como otra osadía del afamado cascarrabias, empeñado en demoler su leyenda. Y pensé, “demasiado sombrío, pero en fin, está bien, se ha ganado con creces el derecho de hacer lo que le venga en gana”. Me dije, “no importa, ya lo escucharé más adelante con el debido respeto y con mayor detenimiento, seguro que lo merece. Tendré que poner mis cinco sentidos en la letra de las canciones y en su forma de cantarlas”. Y así lo hice. A la noche siguiente me senté tranquilamente a escucharlo y a saborear una por una cada una de las piezas de tan refinado mosaico.

¿Que por qué lo hice? En primer lugar, como ya he dicho, por respeto al artista, y luego porque, después de tantos años, ya sé que para llegar al verdadero placer de los sentidos que significa entender a Dylan, no basta con la primera escucha o con un acercamiento superficial, hay que penetrar en el alma del intérprete persiguiendo en sus rimas hasta el último aliento. No en vano la primera vez que oí “Visions Of Johanna” me pareció una letanía insufrible y en poco tiempo acabó siendo tan imprescindible como lo fueron “Desolation Row” y “Gates Of Eden”. Canciones llenas de significado. Con ellas llegué a entender que hay una peculiar belleza más allá de los confines de la realidad y que por más que uno discuta sobre lo que es real y lo que no, nada de eso importa dentro de ese lugar al que Bob Dylan nos invita.

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Aunque lo que de verdad importa es lo que ocurrió entonces. La suave brisa del lamento de “I’m A Fool To Want You”, la cálida ternura y la desgarradora revelación de un amor enfermizo que es necesario erradicar, pero sin el que es imposible vivir. La hermosa tristeza en la evocadora voz ya gastada transmitiendo la emoción de ese amargo final en el que descendió la luna y desaparecieron las estrellas, pero el sol no salió al amanecer. No había ya nada que decir, “The Night We Called It A Day (la noche en que lo dejamos)”. Todas esas historias de desengaño, de amores sin remedio que lastiman y son a un tiempo inevitables, cantadas con la maestría de un dotado narrador con la voz ronca y dolida y la extremada habilidad de un avezado intérprete con la experiencia de medio siglo.

Todo eso estaba sucediendo cuando el sonido melancólico de la tercera pista llega a mis oídos, abriendo de nuevo mi sentido de la percepción como tantas otras veces. Solo que esta vez discurría por caminos muy diferentes, de vuelta a un pasado lejano que ni siquiera podría recordar. La canción, titulada “Stay With Me (Quédate Conmigo)”, había hecho su debut en directo pocos meses antes, interpretada por Dylan en el concierto del 26 de Octubre de 2014 en el Dolby Theatre de Hollywood, CA. Naturalmente yo ya había escuchado esa versión en directo y probablemente alguna otra versión posterior de esa misma gira que me habría impresionado muy favorablemente. Sin embargo, no le había dedicado aún la atención requerida a la grabación de estudio que ahora llenaba la sala de mi apartamento. Algo en esa interpretación me conmueve y sugiere un análisis mas exhaustivo. Tengo que escucharlo de nuevo para poder hablar de ello. Lo dejo para el final.

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Bob Dylan’s album, Shadows In The Night, released on February 3, 2015
A selection of songs made famous by Frank Sinatra

Continúo atento a “Autumn Leaves”, llena de nostalgia y melancolía. Una composición redonda que Dylan canta con una convicción nada desdeñable comparativamente y una maestría sin precedentes en su carrera discográfica. Sin duda la más lograda interpretación del disco, para aquellos expertos en técnica vocal, junto con el tema anterior, “Stay With Me”, del que luego hablaremos en profundidad. Sin olvidar el título que cierra el álbum, “That Lucky Old Sun”; Esa maravillosa plegaria del pobre trabajador extenuado que envidia al sol por no hacer nada sino dar vueltas por el cielo todo el día. Un tema que Dylan ya cantó con cierta frecuencia en el año 86 y luego en Madison ’91, donde hizo una versión inolvidable. Volvió a cantarla en alguna otra ocasión, pero nunca en un registro ni parecido a como lo hace aquí en este disco especialmente elaborado para melómanos. “Why Try To Change Me Now” les sigue en calidad a estos cortes antes mencionados, hablando de sueños echados por tierra. El viejo trovador entona aquí con mucho escepticismo y una cierta ironía en el carácter indolente de su voz otoñal la queja de un trotamundos sentimental incapaz de ser lo que no es. La imposibilidad para un lamentable soñador de llevar una vida convencional. Alguien que se acepta a si mismo y acepta su destino, permitiendo que la gente haga conjeturas y se burle de él ¿No lo recuerdas? Siempre fui tu payaso ¿Por qué intentar cambiarme ahora? “Some Enchanted Evening” no desmerece del resto, pero tal vez sea el tema del disco que menos impacto ha causado en mi, junto con “Where Are You”, incluso si el sentido último recuerda “Lay Lady Lay” o “If I Threw It All Away”. Y eso que me encanta la forma de canturrear ese bamboleo de la tonadilla cuando dice: “Who can explain it, who can tell you why? Fools give you reasons, wise men never try (¿Quien puede explicarlo, quien sabe por qué? Los locos tienen razones que los sabios no entienden)”. Casi me recuerda a un villancico y tiene su magia.

Como en una vuelta a los años 30 que no conocí salvo en las películas Americanas, la melodia de “Full Moon And Empty Arms” me envuelve en su romántica aspiración y me guía hacia otra dimensión donde su cadencia deja paso a la infundada esperanza de un sueño que, en la voz desencantada del ‘crooner’ trasnochado que Dylan ha llegado a ser, resulta demasiado ilusorio. Suavemente, entonada más con la apariencia de un suspiro que con la de la formulación de un deseo, la canción despierta en mi emociones que tienen mucho que ver con los sueños rotos. También abre un resquicio a la posibilidad todavía remota de un final gratificante:

“Full moon and empty arms
Tonight I’ll use the magic moon to wish upon
And next full moon
If my one wish comes true
My empty arms will be filled with you

(Luna llena y brazos vacíos
Esta noche formularé un deseo a la mágica luz de la luna
Y la próxima luna llena,
Si mi deseo se cumple,
Mis brazos vacíos te estarán abrazando)”

Sin embargo, en la actual voz de Dylan, tal como él pronuncia esas palabras, como marca las pausas, como frasea en ese cálido y grave susurro, deja al oyente rendido al desaliento. Probablemente no habrá otra luna llena y, si la hay, uno tiende a creer que esos brazos seguirán vacíos.

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Las dos primeras veces que escuché “Where Are You?” no me decía gran cosa. Es una canción cursi, opinaba, y por más que su intérprete se empeñe en poner toda su fe en el meollo de este viejo tema el resultado me parecía un poco flojo. Lo sorprendente es que al escucharla ahora varias veces seguidas tratando de encontrar calificativos con los que describir mis impresiones, acabo por admitir que hay una cierta belleza en ella. Un sabor a fruta madura, a un pasado remoto. El dulce y triste aroma de la nostalgia. Trataba de expresar lo que sugieren los matices que el veterano artista de Columbia incorpora a esta versión suya. Pero al final eso carecía de importancia, porque lo que de verdad trasciende no es la calidad de la interpretación, sino la patina del tiempo. Ese sabor añejo que no solo pertenece a la canción en si misma sino a la propia naturaleza de la voz que la interpreta.

Penúltima pista. ¿Qué haré cuando estés lejos y esté triste? ¿Qué haré? Cuando me pregunte quien te besa ¿qué haré? Ya sé lo que me vais a decir, podría ser una canción de Jose Luis Perales. Puede parecerlo. Pero no es así. No al menos en la voz de Dylan. Aunque atendiendo a esta estrofa:

“What’ll I do with just a photograph
To tell my troubles to?

When I’m alone
With only dreams of you
That won’t come true
What’ll I do?

(¿Qué haré con sólo una fotografía
A la que contarle mis penas?

Cuando esté solo,
Solo con mis sueños
que no se cumplirán
¿Qué haré?)”

Encontramos esa evocadora imagen del sujeto ahogando sus pesares ante la única foto que posee de su amada. Un pasaje que difícilmente encaja en la idea que yo tengo del cantautor Español. Sin que ello suponga menosprecio alguno hacia la obra del compositor de Castejón (Cuenca). Pero tampoco está para mi este “What’ll I Do” entre lo mejor del disco. Lo más destacable ya lo he mencionado y solo resta decir, antes de analizar mi canción favorita, que el broche de oro lo pone “That Lucky Old Sun” con una interpretación magistral. Bob Dylan suele acabar sus álbumes de estudio con un tema significativo, generalmente de gran calidad. Y este “Shadows In The Night” no es la excepción.

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Bruce Springsteen, Frank Sinatra and Bob Dylan

Había visto “El Cardenal” hace ya muchos años, pero no recordaba el argumento. Me advirtieron de que el tema principal en la banda sonora de la película era la melodía de ese “Stay With Me” que Dylan había estrenado en su concierto de Hollywood. También me informaron de que dicha canción pertenecía a su entonces nuevo álbum, “Shadows In The Night”, algo de lo que yo no era consciente todavía. E igualmente me anunciaron que probablemente el contenido del film tenía mucho que ver con la decisión del singular intérprete de incluir ese tema en su último trabajo. Por esa razón decidí ver la película otra vez y he vuelto a verla ahora de nuevo para tenerla fresca en la memoria mientras escribo sobre esta pieza que se me antoja el alma del disco.

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La obra cinematográfica versa sobre la fe y la lealtad, no exclusivamente la fe católica, sino la fe en las propias convicciones y la fidelidad a unos principios. Se trata de una película compleja y ambiciosa sobre el poder de la iglesia y los poderes fácticos, en el aspecto socio-político. Los nacionalismos, totalitarismos, el racismo y la discriminación de cualquier índole son severamente criticados en la cinta. En el ámbito personal discurre entre la duda existencial, la reafirmación de la fe ante la flaqueza y la lealtad. Básicamente plantea el dilema de la elección entre la fe, la lealtad a unos principios, o la lealtad a las personas que confiaron en nosotros. Y es en los momentos en que esa duda surge cuando hace su aparición el tema principal en la banda sonora. La misma melodía vuelve a escucharse siempre que la lealtad a un ser humano se convierte en protagonista, ya sea referida a la amistad, la fraternidad o la vocación humanitaria.

Y efectivamente la canción se mueve entre esos dos temas, la fe y la lealtad, que en la trama aparecen vinculados entre si. Una mirada atenta a la letra de la canción revela su condición de plegaria. Las dudas ante la fe, la duda existencial, la flaqueza, dan paso al sentimiento de soledad y la debilidad y el desánimo solo conocen un consuelo: el apoyo constante y la lealtad de aquellos en quienes confiamos. Ya sea Dios u otros.

Otro factor interesante que domina la película y se vislumbra en el primer verso de la canción es la lucha interna entre la humildad y la ambición.

Tengo la firme convicción de que Bob Dylan conocía bien la película y que efectivamente la elección de “Stay With Me” estuvo condicionada por la temática del film y el uso que de la melodía se hace en la banda sonora. De ahí que la interpretación del controvertido ‘crooner’ subraye los momentos de flaqueza y no parezca buscar refugio en la fe y la confianza en el altísimo a través de la humildad y la oración, como sugiere la letra, sino que por el contrario parece confiar más en la lealtad de quienes siguen siendo sus incondicionales, a pesar de los pesares.

Es proverbial como pronuncia ese:

“And I go seeking shelter
And I cry in the wind

(Voy buscando refugio
Y exclamo al viento)”

Y como entona muy gravemente esa estrofa final:

“Though the road buckles under
Where I walk, walk alone
Till I find to my wonder
Every path leads to Thee
All that I can do is pray
Stay With Me
Stay With Me

(Aunque el camino se inclina pendiente abajo
Por donde yo camino, camino solo
Hasta que, para mi asombro, descubro
Que todos los caminos conducen a Ti
Y todo lo que puedo hacer es rezar
Quédate conmigo
Quédate conmigo”

En la película, cuando la hermana del futuro Cardenal recibe una bofetada de su madre por haber iniciado un noviazgo con un individuo de origen judío y ésta le insulta llamándole ‘guarra’, la chica corre escaleras arriba a refugiarse en su dormitorio. El hermano sacerdote sube a consolarla y le dice mientras le abraza:

“¿Recuerdas cuando eras niña y te abrazaba y te decía: ‘Abrázame fuerte y pase lo que pase agárrate a mi y no me sueltes’?”

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La música de esta balada vuelve a sonar cuando Mona, la chica, se confiesa con su hermano de haber tenido relaciones carnales con el muchacho judío. El sacerdote, basándose en su fe católica, rechaza cualquier otra opción que no sea la del arrepentimiento, conminándole a abandonar a su novio para siempre. Ofendida y traicionada cuando intentaba aferrarse a él para salvarse, Mona huye despavorida sin recibir la absolución.

Exactamente esa sensación es la que yo percibo. Eso es lo que yo creo que transmite Dylan en su versión de este tema que él, en su ronco lamento, convierte en sublime. El miedo a no ser comprendido, a sentirse rechazado, traicionado. Más que rezar, parece suplicar cuando dice: “All I can do is pray (lo único que puedo hacer es rezar)”. Y a mi me parece oírle decir: “Agárrate a mi y no me sueltes, quédate conmigo, quédate conmigo”.

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El Coleccionista Hipnótico